Una izquierda acomplejada que prefirió pactar con el narco | Opinión de Froylán Castillo
- La Redacción

- hace 3 horas
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Hay momentos en que la política se desnuda sola. En Chihuahua, después del desmantelamiento de un narcolaboratorio, la reacción lógica debió ser de respaldo institucional, celebrar un golpe al crimen organizado, reconocer el trabajo de las autoridades y mandar un mensaje claro de que el Estado no se arrodilla ante el narco.
Pero la izquierda eligió otro camino.
No se indignaron por las drogas. No se indignaron por el daño social. No se indignaron por las redes criminales que destruyen familias. Se indignaron por una supuesta intervención de la CIA.
De pronto, quienes han guardado silencio frente al avance del crimen organizado descubrieron la palabra “soberanía”. La usaron como bandera, pero no como principio. Porque cuando el golpe al crimen ocurre en Chihuahua, bajo un gobierno de oposición encabezado por Maru Campos, hablan de traición a la patria. Pero cuando la DEA señala a perfiles políticos ligados a Morena, entre ellos el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, entonces la indignación desaparece.
Ahí ya no hay soberanía. Ahí ya no hay patria. Ahí solo hay silencio.
Y ese silencio también habla.
La izquierda acusa que la derecha prefiere pactar con la CIA, pero la pregunta es inevitable ¿ustedes con quién han pactado?
Porque mientras atacan a Chihuahua, evaden hablar de los vínculos incómodos entre Morena y el crimen organizado. Mientras usan discursos de víctima, resentimiento y falso nacionalismo, callan frente a los señalamientos que rodean a personajes de su propio movimiento.
Incluso han llegado al absurdo de comparar una posible cooperación internacional en seguridad con Hernán Cortés. Además de ridículo, demuestra ignorancia histórica. El México actual no existía entonces; somos resultado de un proceso complejo de mestizaje, hispanidad, conflicto y construcción nacional. Pero a la izquierda no le interesa la historia: le interesa usarla como arma de odio.
El fondo es claro, no les molesta la intervención extranjera; les molesta que Chihuahua dé resultados. Les molesta que Maru Campos golpee intereses criminales. Les molesta que un gobierno de oposición demuestre que sí se puede actuar contra el narco.
Por eso aparecen los mismos de siempre, como Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, viendo a Chihuahua como botín político. Hablan de soberanía, pero callan frente a la violencia en municipios y estados gobernados por ellos. Hablan de dignidad nacional, pero no explican por qué tantos señalamientos de crimen y corrupción terminan cerca de su movimiento.
La soberanía no se defiende protegiendo criminales. La soberanía no se defiende encubriendo redes del narcotráfico. La soberanía se defiende cuando el Estado protege a sus ciudadanos, aplica la ley y evita que los grupos ilegales capturen decisiones públicas.
En un mundo donde el crimen organizado opera globalmente, mueve dinero globalmente y corrompe instituciones globalmente, la cooperación internacional no es pérdida de soberanía. Puede ser una herramienta para recuperarla.
El verdadero peligro para México no es cooperar contra el crimen. El verdadero peligro es permitir que el narco financie campañas, imponga candidatos, compre silencios y capture gobiernos.
Por eso hay que decirlo con claridad, un narco gobierno no empieza solamente cuando aparece un expediente judicial. También empieza cuando un gobierno se indigna más por la cooperación contra el crimen que por el crimen mismo.
Se indignaron por la CIA, pero no por el narcolaboratorio.
Se indignaron por Chihuahua, pero no por Sinaloa.
Se indignaron por Maru Campos, pero no por los políticos señalados de Morena.
Esa es su contradicción.
Chihuahua no debe pedir perdón por combatir al crimen. No debe agachar la cabeza ante quienes prefieren la grilla antes que la seguridad. Y mucho menos debe aceptar lecciones de soberanía de quienes han sido incapaces de explicar sus propias sombras.
Entre cooperar para combatir al narco y callar para protegerlo, nosotros elegimos combatirlo.
Y si eso incomoda a la izquierda, el problema no es Chihuahua.
El problema es que se les está cayendo el discurso.









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