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El verdadero lujo es tener tiempo | Opinión de Nahiara Colmenero

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Tal vez una de las mayores mentiras contemporáneas sea creer que mientras más hacemos, más cerca estamos de una vida mejor.


Parece que ahora el descanso se ha vuelto un lujo y, peor aún, un motivo de culpa. Entre la propaganda de la híper-productividad, nos hemos ahogado en actividades que nos agotan y consumen lentamente.


¿Cuántas veces nos hemos perdido momentos en familia o con amigos? ¿Cuántas veces nos hemos privado de experiencias y aventuras? ¿Cuántas veces hemos puesto la productividad por encima del descanso? Todo esto se ha convertido en una nueva realidad para miles de personas, enganchadas con la idea de que solo llegarán al éxito si entregan su vida completa a mantenerse activas, involucradas en más proyectos de los que pueden sostener y atrapadas en trabajos exigentes e interminables. Este fenómeno no es casualidad; de hecho, tiene nombre: “la cultura del hustle”.


Ahora todos buscamos estar en constante mejora, dentro de una productividad que no conoce límites y que nos lleva a niveles de agotamiento extremos. Todos quieren saber más, tener más diplomados, entrar a más cursos, aprender más idiomas, desarrollarse en más deportes. Y aunque nada de esto es malo, la búsqueda del éxito se ha convertido en una necesidad casi permanente. Después de todo, aspirar a algo, tener un propósito, una vocación o un sueño, es parte de lo que le da sentido a nuestra existencia.


El problema comienza cuando esa búsqueda deja de ser sana. Se ha convertido en una presión generacional, en una culpa compartida por querer detenernos un momento. Esta mentalidad que glorifica el trabajo, la actividad constante y el agotamiento nos ha llevado a una crisis de personas con burnout, enfermedades somatizadas, incapacidad para desconectarse y una sensación permanente de nunca ser suficientes.


Y aunque el éxito no se consigue descansando todo el tiempo, tampoco se logra llevando al límite tu cuerpo, descuidando tus relaciones y dejando de hacer aquello que disfrutas.

Porque incluso cuando alguien alcanza sus objetivos, tarde o temprano ese ritmo de vida termina siendo insostenible.


Por eso, lo ideal es el equilibrio: encontrar ese punto en donde el descanso no se sienta como un fracaso, donde tu trabajo no te prive de disfrutar momentos con quienes amas y donde tu cuerpo no tenga que gritar para pedir ayuda.


Con esto no pretendo que dejes de lado tus objetivos, sino compartir algo que yo misma he pasado y que, cada vez más, parece ser un problema generalizado. Porque llegó un momento en el que comprendí que lo más valioso que tengo es el tiempo; que mi presente es lo único con lo que realmente cuento y que la vida puede irse en un instante.


Desde entonces, entendí que el verdadero lujo no es vivir haciendo más y más, sino poder detenerme a disfrutar mi vida y no convertirme únicamente en una espectadora de ella.

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