Plan D | Opinión de Alex Batista
- La Redacción

- hace 1 hora
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Dicen que la 3ra es la vencida, pero para Morena es hasta la 4ta.
Ayer la presidenta presentó los ejes de la reforma electoral, posiblemente la reforma más importante de su sexenio.
Aunque la iniciativa se presentará formalmente hasta el lunes, desde ahora vale la pena preguntarnos: ¿quién la presenta?, ¿por qué la presenta? y ¿en qué momento la presenta?
Se trata de una iniciativa impulsada por el partido en el poder. Un partido que controla el Poder Ejecutivo, que cuenta con una sobrerrepresentación ilegal que le ha permitido alcanzar las dos terceras partes en ambas cámaras, que gobierna más de 23 estados y que, además, ha construido un Poder Judicial a modo.
Tienen todo, según las palabras de Reginaldo Sandoval del PT.
Y lo peor es que llega en el peor momento para el país. Llega justo después del “jaliscazo”.
Después de tanto caos y violencia el domingo, en vez de que el gobierno se concentre estos días en una agenda de seguridad; prefiere imponer una agenda electoral diseñada para concentrar aún más el poder en manos de MORENA.
No lo digo yo. Así lo advierte la UNAM en el documento “Otra reforma electoral sí es posible: síntesis de la propuesta de reforma sin reflexión”.
En él se señala que, a diferencia de las reformas electorales del pasado —que buscaban consensos amplios entre fuerzas políticas—, las impulsadas por la 4T se caracterizan por una lógica unilateral, donde se privilegia la imposición de los intereses de la coalición gobernante sobre la negociación democrática.
En resumen, la UNAM advierte que estas reformas representan un retroceso institucional frente al modelo democrático construido durante décadas, basado en acuerdos, pluralismo y reglas claras para garantizar elecciones libres y justas.
Ahora bien, antes de entrar al detalle de una iniciativa que es extensa y compleja, es necesario poner las cosas en orden.
Primero, hay que decirlo con claridad. El sistema electoral mexicano sí necesita una reforma. Más aún cuando México es, objetivamente, una democracia deficiente.
De acuerdo con Freedom House, nuestro país tiene una calificación de 59/100 en libertades democráticas.
Es decir, estamos reprobados. Somos considerados una democracia “parcialmente libre” y nos ubicamos entre los lugares 107 y 110 de 208 países evaluados.
Con ese diagnóstico, una reforma electoral no solo es pertinente, es necesaria.
Pero la pregunta central es qué tipo de reforma y con qué intención.
Primero estuvo el Plan A de López Obrador, una reforma constitucional que no alcanzó los votos necesarios. Una propuesta profundamente retrógrada.
Después vino el Plan B. Al no lograr modificar la Constitución, se impulsó una versión más light, pero llenade irregularidades en el proceso legislativo. Por eso fue invalidada en su totalidad por la Suprema Corte. Luego llegó la confrontación directa con el Poder Judicial y, después la reforma judicial.
Luego, el Plan C. El cual, era la destrucción formal de la democracia tal como la conocemos. Lo digo sin exagerar. Era una locura que la misma UNAM crítica en el estudio: “La iniciativa presidencial de reforma electoral: análisis técnico del Plan C electoral”.
Una reforma que podía garantizar hasta 30 años de permanencia en el poder para Morena, con o sin respaldo popular.
Hoy estamos frente al Plan D. Y a pesar de que ya se dio una presentación por parte de la presidenta, considero importante antes de hacer un análisis, esperarnos a que la iniciativa se presente formalmente la próxima semana.
Sí necesitamos una reforma electoral y política. Una que fortalezca a los árbitros electorales, que mejore la representación ciudadana, que garantice fiscalización en tiempo real, que imponga candados efectivos contra el dinero ilegal en campañas y que incremente la participación ciudadana.
Eso mismo señala el estudio de la UNAM: México necesita una reforma sin regresión, producto de un esfuerzo colectivo y alineada con los más altos estándares democráticos.
Pero mientras eso no ocurra, estaremos frente a una reforma que nadie pidió, que se presenta en el peor contexto nacional posible y que, lejos de fortalecer nuestra democracia, podría servir para consolidar la permanencia de MORENA en el poder durante muchos años más.





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