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El cobro de piso, el impuesto que nadie votó | Opinión de Elí Enríquez

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • 5 may
  • 2 Min. de lectura

En México un negocio que quiere alcanzar la formalidad tiene que enfrentarse a varios retos, dentro de los cuales el pago de impuestos son uno de los mayores miedos, entre pagar ISR, IVA, nomina, seguro social y una lista que continua, en la que al final de cada mes después de revisar el balance ves que solo quedan la mitad de tus ganancias te das cuenta que sin una estrategia fiscal emprender muchas veces puede salir contraproducente.


Pero eso no es todo, en muchas regiones del país existe un impuesto que no pasa por las arcas gubernamentales, pero sirve para financiar operaciones, pagar sueldos y producir un sinfín de productos, y aunque pareciera coherente que por primera vez se haga algo con los impuestos tristemente hablamos del crimen organizado.


El cobro de piso es un delito que ha crecido hasta el 58% y el mismo gobierno federal reconoce que no ha sido contenido, tal vez ni siquiera detectado de forma correcta porque ya sabemos que la federación tiene otras prioridades más allá de la economía y la seguridad del país.


Hoy, más del 65% de los casos de extorsión se concentran en unas cuantas entidades del país en los que casualmente “llego la transformación”, en aquellos estados donde el discurso oficial ha prometido que la estrategia de seguridad está funcionando. Sin embargo, como dicen por ahí “yo tengo otros datos”: la extorsión ha alcanzado máximos históricos, con una cifra muy preocupante cercana al 97%, y en algunas ciudades el crimen no solo cobra, tiene sistemas perfectos donde regula, fija precios y decide quién puede operar y quien no.


Lo que se vive hoy no es un fenómeno aislado, es la consecuencia de un modelo que ha optado por administrar la violencia en lugar de contenerla (abrazos no balazos). Y cuando el gobierno se conforma con eso, la economía deja de responder a la ley… y empieza a responder al miedo.


Por eso vale la pena voltear a ver los casos donde los gobernantes sí ha entendido lo más básico de un gobierno “proteger y producir” la seguridad no es discurso, es condición para que la economía funcione. Chihuahua capital es ejemplo de ello: una ciudad donde, con resultados constantes y sostenidos en materia de seguridad, se han mantenido y ha creado las condiciones para trabajar, invertir y emprender sin tener que pagarle a nadie más que a la ley convirtiéndola en una de las ciudades más competitivas del país.

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