top of page
500x200.gif
500x200 (7).png

Matarse estudiando para no encontrar chamba | Opinión de Mariana Rascón

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 19 horas
  • 2 Min. de lectura

¿La llamada “generación de cristal” no encuentra trabajo porque no quiere… o porque no hay?


La respuesta fácil es culpar a los jóvenes, decir que no aguantan, que no se comprometen o que quieren todo rápido, pero la realidad es más incómoda porque en México el problema no es solo de actitud, es estructural.


Hoy, 4 de cada 10 personas desempleadas en el país son jóvenes de entre 20 y 29 años, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo y aunque la tasa general de desempleo ronda apenas el 2.6% (una de las más bajas entre países de la OCDE), eso no refleja mejores oportunidades sino una alta informalidad y empleos precarios que terminan absorbiendo a quienes no encuentran otra opción.


El dato más revelador es otro: según la OCDE, en México los jóvenes con estudios universitarios enfrentan mayores dificultades para encontrar empleo que quienes tienen menor nivel educativo, lo que rompe por completo la promesa tradicional de que estudiar más garantiza un mejor futuro.


Por eso no sorprende ver egresados manejando Uber, repartiendo comida o trabajando en algo que nada tiene que ver con su carrera, no por falta de ganas sino por falta de opciones en un mercado que no crece al mismo ritmo que el talento que se forma.


Lo que estamos viendo es una sobreoferta de profesionistas frente a una oferta laboral insuficiente, donde cada vez más jóvenes compiten por menos espacios y terminan aceptando condiciones que no corresponden a su preparación.


En este contexto, reducir el problema a una supuesta falta de esfuerzo resulta no solo simplista, sino cómodo, porque evita cuestionar lo realmente importante: un sistema que no está generando oportunidades suficientes, universidades que siguen formando para una realidad que ya cambió y un entorno económico que no logra absorber a toda una generación.


La conversación nos obliga a preguntarnos cómo equilibrar esta balanza, impulsando el crecimiento de empresas que generen empleo, fortaleciendo el emprendimiento sin romantizarlo como única salida y exigiendo una educación más conectada con el mercado real.


Porque si seguimos formando talento para oportunidades que no existen, el problema no es generacional.


Y mientras no lo entendamos así, será más fácil seguir llamándolos “de cristal” que aceptar que el mercado laboral también está roto.


Comentarios


bottom of page