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En el norte no se cede, se decide | Opinión de Elí Enríquez

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • 9 jun
  • 2 min de lectura

El pasado domingo 7 de julio se vivieron las elecciones por diputaciones locales en el estado de Coahuila y lo que se vivió no es una casualidad ni algo que se deba pasar por alto, hablamos de un termómetro electoral que nos da una probada de lo que viene para el 2027.


Y es importante resaltar algo, cuando hablamos de estados que sus ciudadanos tienen una inclinación al voto que va en contra del “movimiento” oficialista nos encontramos con factores en común entre sí.


No es casualidad que los estados más competitivos del país son gobernados por fuerzas de oposición, como los son Chihuahua, Nuevo León, Querétaro, Aguascalientes y Guanajuato, estados que concentran gran parte de la manufactura, las exportaciones, la inversión extranjera y la integración económica con diferentes países. Siendo esos 6 estados los que brindan una cuarta parte del PIB del país.


El resultado de la elección: la coalición PRI-UDC obtuvo aproximadamente 55% de la votación, mientras que Morena-PT se quedó cerca del 26%. La diferencia ronda los 29 puntos porcentuales. Además de que la participación ciudadana alcanzo niveles históricos con un 51%. Dando como resultado 25 diputaciones locales de las cuales 16 fueron por mayoría relativa y 9 por representación promocional.


Sin duda hablamos de una elección que marca un precedente, una ruta política en la que el color guinda no forma parte de la agenda, porque aquí no se vota por inercia, y las decisiones no se toman desde el centro del país,


El estado de Coahuila no es competitivo por casualidad, exporta, produce, atrae inversión, genera empleos industriales y mantiene condiciones de estabilidad que permiten a las empresas tener certeza a largo plazo. Algo que no podemos ver actualmente en la mayoría de los estados. Cuando los ciudadanos votan en un estado con estas características, suelen hacerlo pensando menos en ideologías y más en resultados.


Cuando hablamos de política en el norte no hablamos de discursos vacíos, porque la historia nos ha enseñado a distinguir entre retorica y los hechos, la política no se vive en eventos, ni en espectaculares, tampoco en discursos vacíos ni en la lucha de ideologías, la política se vive en la vida cotidiana y eso lo tenemos muy claro en el norte del país.

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