La luz de la esperanza | Opinión de Manuel Jurado
- La Redacción

- hace 48 minutos
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Durante las últimas semanas, Chihuahua ha sido escenario de intensos desencuentros políticos. Las diferencias entre distintos niveles de gobierno han ocupado titulares, alimentado debates y profundizado divisiones. En las redes sociales, como ocurre cada vez con más frecuencia, pareciera que todo se reduce a elegir un bando.
Vivimos tiempos de polarización. Tiempos en los que muchas causas terminan atrapadas en la lógica de la confrontación.
Y, sin embargo, en medio de ese panorama existe una luz de esperanza.
Una luz que aparece cuando la ciudadanía se informa, se organiza y participa.
Esa luz ha surgido desde Parral y la región sur del estado alrededor de una causa buena, noble y justa: la urgente necesidad de reparar la carretera federal conocida como vía corta Parral–Chihuahua.
Lo que hoy representa una de las movilizaciones ciudadanas más importantes de nuestra región comenzó de manera sencilla. Un pequeño grupo de ciudadanos acudió a los tribunales para buscar una solución a un problema que afecta diariamente a miles de personas. Ese esfuerzo llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, donde actualmente se analiza un asunto que trasciende el asfalto y que habla de seguridad, movilidad, desarrollo y dignidad para nuestra gente.
En esta etapa final, ciudadanos, especialistas, organizaciones y sectores productivos elaboraron un texto amicus curiae (amigos de la Corte) para aportar información que permita comprender la verdadera dimensión del problema. Más que un documento jurídico, se convirtió en un retrato de nuestra región.
Porque Chihuahua es un estado inmenso, forjado por largas distancias, climas extremos y una geografía desafiante. Somos gente acostumbrada a trabajar duro, a recorrer cientos de kilómetros para estudiar, atender nuestra salud, hacer negocios o perseguir nuestros sueños.
Por eso la carretera no es solamente una obra pública. Es el camino que conecta familias, empleos, escuelas, hospitales y oportunidades. Es una arteria que mantiene viva a toda una región.
A través de este esfuerzo también hemos tenido la oportunidad de mostrar la riqueza humana y productiva del sur del estado: Parral, Guachochi, Creel, Valle de Allende, Matamoros, Santa Bárbara, San Francisco del Oro, Balleza, Guadalupe y Calvo, así como toda nuestra Sierra Tarahumara. Hemos hablado de minería, ganadería, transporte, actividad forestal, comercio y turismo; de miles de personas que todos los días contribuyen al desarrollo de Chihuahua.
Pero quizá lo más valioso ha sido comprobar que distintos sectores pueden construir juntos cuando existe una causa común. Empresarios, profesionistas, productores, transportistas, organizaciones sociales y ciudadanos comprometidos han aportado ideas, experiencia y propuestas para fortalecer este esfuerzo.
Eso también es democracia.
Porque la democracia no se vive únicamente el día de las elecciones. También se construye cuando los ciudadanos participan responsablemente en los asuntos públicos, cuando dejan de ser espectadores y se convierten en protagonistas de las soluciones.
Por ello esta causa se ha convertido en una verdadera fiesta ciudadana.
Tengo una profunda gratitud hacia las organizaciones, los colegios locales de profesionistas, los clubes de servicio, los sectores productivos y, sobre todo, hacia las cientos de personas que han decidido dedicar su tiempo a esta iniciativa.
Cada llamada, cada reunión, cada firma, cada mensaje compartido y cada palabra de aliento han demostrado que una causa ciudadana auténtica tiene la capacidad de unir a personas muy distintas alrededor de un objetivo común.
En este esfuerzo hemos encontrado jóvenes y adultos mayores, estudiantes, trabajadores, emprendedores, madres y padres de familia. Personas con trayectorias e ideas diferentes, pero con una convicción compartida: que nuestra región merece una carretera segura, digna y acorde a sus necesidades.
En tiempos donde abundan las divisiones, esta experiencia nos deja una enseñanza poderosa.
La esperanza no nace de la confrontación. La esperanza nace de la participación.
Nace cuando descubrimos que tenemos la capacidad de organizarnos, construir acuerdos e impulsar cambios reales.
Más allá de lo que resuelva la Suprema Corte, algo importante ya ocurrió: la ciudadanía despertó.
Y cuando una comunidad decide trabajar unida por el bien común, ninguna distancia es demasiado larga y ningún desafío es demasiado grande.
Esa es, quizá, la mejor noticia de todas.









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