La carta de lo indefendible | Opinión de Alex Batista
- La Redacción

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AMLO salió de nuevo de su retiro de La Chingada para darnos una gran lección de democracia, soberanía, moralidad y apoyo incondicional a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Una carta que aparece justo cuando MORENA enfrenta una de sus peores crisis políticas por los señalamientos contra Américo Villarreal y Alfonso Durazo —este último exsecretario de Seguridad de López Obrador y actual presidente del Consejo Político Nacional de MORENA— por sus vínculos con la maña.
Por eso, hay que preguntarnos: ¿esta es una carta dirigida a Trump o una carta para intentar salvar un legado que comienza a desmoronarse?
Porque antes que nada, quisiera sostener que a pesar de todo, hay algo en lo que sí coincido con la carta de AMLO. Tiene razón cuando advierte sobre el peligro de repetir una mentira hasta convertirla en verdad. También tiene razón cuando señala que la prepotencia suele acompañar a los imperios en decadencia.
El problema es que muchas de esas prácticas también ocurrieron durante su propio gobierno.
Porque si de verdad hubiera querido ayudar incondicionalmente a la presidenta, el primer paso habría sido no heredarle un país atrapado por la violencia, un sistema de salud debilitado, una deuda histórica, una empresa petrolera quebrada y una larga lista de escándalos de corrupción que siguen apareciendo.
Porque López Obrador podrá ser uno de los políticos más hábiles de la historia reciente de México. Pero pa gobernar es otra cosa. Y ahí los resultados son mucho más discutibles.
La carta insiste en que existe una embestida de Estados Unidos contra México. Y a ver, nadie que crea en la soberanía nacional puede estar de acuerdo con intervenciones extranjeras o decisiones unilaterales tomadas desde Washington.
Pero también es válido preguntar algo muy sencillo: ¿Qué ha hecho Morena con todo el poder que hoy concentra?
Controlan la Presidencia, tienen mayoría legislativa, impulsaron una reforma judicial, desaparecieron organismos autónomos, concentraron facultades que antes tenían instituciones independientes.
Si realmente existiera voluntad para combatir la corrupción y la infiltración del crimen organizado, ya lo hubieran hecho.
Por momentos, incluso parece que hasta la carta ya no habla de una embestida contra México. Parece hablar de una embestida contra MORENA.
Porque cada investigación es presentada como una conspiración. Cada señalamiento como una campaña. Cada acusación como una agresión extranjera.
Y ahí está la contradicción. Se habla de justicia, pero no hay consecuencias. Se habla de soberanía, pero no se fortalecen las instituciones. Se habla de combatir al crimen organizado, pero se protege políticamente a quienes son señalados por tener vínculos con él.
Y quizá la mayor ironía de toda esta historia es que López Obrador y Donald Trump se parecen mucho más de lo que ambos estarían dispuestos a reconocer.
Los dos construyeron movimientos profundamente personalistas. Los dos tienen una enorme capacidad para conectar con sus bases. Los dos acostumbran dividir el mundo entre buenos y malos. Los dos encuentran siempre un culpable externo cuando las cosas salen mal. Y los dos tienen una enorme dificultad para reconocer errores propios.
Por eso llama tanto la atención que ahora López Obrador describa a Trump como un hombre de juicio práctico y gran intuición política, porque durante años escuchamos exactamente lo contrario.
Y es ahí donde la carta deja de ser un mensaje diplomático para convertirse en una justificación política.
Porque al final, como bien cita a Calle 13: “el que no quiera a su patria, no quiere a su madre”.
Por ello, en esta carta llena de contradicciones por el momento que vive el país, López Obrador vuelve a demostrar que su prioridad no es México, sino la defensa de su propio legado y de su movimiento político.
Y parafraseando la frase que él mismo cita, pareciera que es él, quien al final, ni quiere a su patria y quien no tiene pero nada de madre.









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