La Generación que Exige y Construye | Opinión de Veyra Carrasco
- La Redacción

- hace 3 días
- 2 Min. de lectura

Ser joven en México hoy no es sencillo. Vivimos tiempos donde cuestionar incomoda, donde alzar la voz parece desafiar estructuras que durante años han limitado, dañado y entorpecido el futuro de nuestra generación. Pero precisamente ahí radica nuestra fuerza: en no rendirnos.
Las y los jóvenes no nacimos para aceptar inercias ni para conformarnos con sistemas que no dan resultados. Nacimos para cuestionar, para exigir transparencia, para señalar cuando algo no funciona y para proponer soluciones. La historia demuestra que los grandes cambios siempre han sido impulsados por juventudes valientes que se atrevieron a pensar distinto.
Hoy, en distintas regiones del país, cientos de jóvenes viven con incertidumbre ante la carencia de gobernabilidad y la falta de rumbo claro. Temen por la inseguridad, por la falta de oportunidades y por decisiones que parecen improvisadas. Ante ese panorama, es fácil caer en la desesperanza.
Pero nosotros no podemos permitirnos rendirnos antes de tiempo.
En Chihuahua hemos demostrado que otro camino es posible. Aquí hemos visto un modelo que apuesta por resultados reales, por políticas públicas que sí aterrizan en la vida cotidiana de las personas y, especialmente, de las juventudes. No es un discurso: es trabajo constante, cercanía y compromiso.
Como consejera técnica de la Facultad de Derecho, he sido testigo del respaldo institucional que existe cuando se gobierna con visión y responsabilidad. Secretarías como la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común y la Secretaría de Salud han demostrado con hechos que cuando la juventud es prioridad, se construyen oportunidades reales. No se trata de promesas, sino de acciones concretas que impactan en educación, salud y bienestar.
Eso es lo que necesitamos para nuestro país: gobiernos cercanos, reales, que entiendan que invertir en jóvenes no es un gasto, es la mejor apuesta por el futuro. Gobiernos que no le teman a la crítica, que escuchen, que corrijan y que trabajen en equipo con la ciudadanía.
Las y los jóvenes chihuahuenses debemos sentir amor profundo por nuestra tierra. Defender a Chihuahua no es solo una consigna política; es un compromiso generacional. Es cuidar lo que funciona, mejorar lo que puede perfeccionarse y no permitir retrocesos que comprometan nuestro porvenir.
No vamos a permitir que nadie nos calle. No vamos a permitir que sistemas que no entienden nuestra realidad decidan por nosotros sin escucharnos. Tenemos la preparación, la convicción y la energía para construir un mejor estado y un mejor país.
Cuestionar no es rebeldía sin causa; es responsabilidad cívica. Defender nuestra tierra no es división; es identidad. Y perseverar, incluso en medio de la adversidad, es el mayor acto de amor que podemos tener por Chihuahua y por México.
La juventud no es el futuro: es el presente que ya está actuando.





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