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El pueblo del bienestar vs los partidos del malestar | Opinión de Alex Batista

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

No pasó la reforma electoral. Pero ¿cómo iba a hacerlo? Si todos sabían que el objetivo primordial era quitarle los dientes al árbitro electoral y desaparecer a todos los partidos o hacerlos cada vez más chicos.


Pero ¿ahora qué viene? Según lo expuesto por la presidenta, en el Plan B se buscará:

• Disminuir los privilegios que persiste en los Congresos locales

• Reducir los privilegios que persisten en municipios

• Fortalecer la consulta popular


Lo que prácticamente será un hecho, ya que solo se requiere la mayoría simple en ambas cámaras para su aprobación.


Y a ver, coincido completamente con ella en que el recurso se vaya a la gente y que se fortalezca la participación ciudadana. Que se busque una verdadera democracia del pueblo. Pero el problema no es el fondo, es la forma y los modos.


Esta reforma nace, crece y muere desde el seno del poder mismo. Sin consensos, sin acuerdos, sin democracia.


Desde el principio se vio venir con la simulación de la Comisión Presidencial. Digo, ¿de qué sirven 65 eventos, 5 mil 294 asistentes y que se hayan enviado 395 propuestas? Si al final no se tomará en cuenta a ninguna; y que por la falta de consensos se tenga que realizar un Plan B que no tiene nada que ver con lo propuesto en los foros ni el documento original presentado.


Pero bueno, más allá de su falsa dicotomía y de sus verdades a medias, hay algo de razón en el fondo de la mal llamada reforma electoral. De hecho, parte de la narrativa de MORENA viene de elementos reales y palpables por la raza, y posiblemente de ahí venga su próxima estrategia.


Porque tienen razón. Según muchas encuestas del INEGI, los partidos políticos, los diputados y senadores, y en general todo lo relacionado con la política —tanto en México como a nivel internacional— tiene una aprobación por los suelos. La gente cada vez confía menos en las instituciones democráticas y partidistas.


Y la neta, tampoco es difícil entender por qué.


Tenemos casos como el de Sergio Mayer, que renunció como diputado solamente para entrar a la Casa de los Famosos. Tenemos a Noroña protagonizando escándalos prácticamente todos los días. Tenemos a Lily Tellez, Alito Moreno y Sandra Cuevas que parecen más interesados en el espectáculo y el morbo que en hacer su chamba.


La raza cada vez está más cansada de ese tipo de comportamientos.


Por eso también crece la idea legítima de que se le destine menos lana a los partidos políticos. Y ese es el meollo del asunto: tenemos una crisis fuertísima de representatividad.

Pero el tema aquí es que la verdadera representación genuina no puede desvincularse de la democracia, y la democracia en su concepción más moderna no es simplemente el gobierno de las mayorías.


Como bien dijo Maru Campos en su último informe, parafraseando al filósofo Giovanni Sartori:

“¿Y si sin límites constitucionales la regla de la mayoría degenera un abuso de mayoría? Porque sin el principio de la democracia, la representación se convierte en otra forma de dominio”.


Es ahí el peligro de la reforma de MORENA. Una falsa narrativa, donde el supuesto abusado, realmente es el abusador mismo.


Mientras a la gente le dicen una cosa, en los hechos hacen exactamente lo contrario.

Por eso, tiene sentido pensar que su próximo movimiento, ahora que el Verde y el PT supuestamente los “traicionaron”, sea construir una nueva narrativa rumbo a 2027: que el pueblo —supuestamente representado por ellos— debe ir contra los partidos políticos, desaparecerlos, quitarles financiamiento y hacerlos cada vez más pequeños.


La lógica sería simple. Que el “pueblo”, es decir, Morena, sea el único actor político dominante.


Pero en realidad es solo una narrativa para tapar el sol con un dedo. Un intento por desviar la atención de problemas mucho más graves.


“Olvídate de la corrupción”.
“Olvídate del huachicol fiscal”.
“Olvídate de los escándalos y excesos”.
“Olvídate de los vínculos con el crimen organizado”.
“Olvídate de alcaldes detenidos por narcotráfico y de gobernantes señalados”.


Mejor concéntrate que todo lo malo en el país es por los partidos políticos.


Y a ver, en gran parte sí. Pero, que nos metan la idea de que ellos son los únicos capaces de cambiar el sistema para que “el pueblo” verdaderamente siga en el poder, a pesar de que ellos llevan gobernando desde hace 7 años, no creo que sea la solución de fondo.


Habrá que ver cómo se desarrolla el Plan B y cómo se reformula la propuesta. Lo cierto es que, por ahora, algo sí podemos reconocer: afortunadamente no pasó el plan A de la reforma, que habría sido profundamente dañina para el país.


Pero esto no ha terminado. A ver cómo se viene el Plan E.


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