El error de subestimar a la Juventud | Opinión de Veyra Carrasco
- La Redacción

- 21 abr
- 2 min de lectura

Durante mucho tiempo se pensó que la capacidad de liderar dependía, casi exclusivamente, de los años acumulados. Sin embargo, la realidad ha comenzado a cambiar ese paradigma. Hoy es imposible ignorar una frase que cada vez resuena con más fuerza en la conversación publica y en los jóvenes: “A Chihuahua le ha ido bien con alcaldes jóvenes”.
No se trata de romantizar la edad ni de desestimar la experiencia, sino de reconocer lo evidente. Hemos sido testigos de liderazgos jóvenes que, en poco tiempo, han logrado lo que otros no pudieron en años. Y no es casualidad. Hay algo en la energía, en la urgencia y en la forma de ver el mundo de las nuevas generaciones que rompe inercias y acelera resultados.
Y sí, habrá quienes digan que “el gobernar no es un tema de edad” o que incluso es irrelevante. Pero seamos realistas hay gente que con tanto tiempo no ha demostrado nada. La edad, por sí sola, no garantiza nada… pero tampoco es un dato vacío. Lo que realmente importa es lo que suele venir con ella —o a pesar de ella—: Servicio, entrega y resultados. Y eso, hoy por hoy, se está viendo con claridad en las nuevas generaciones.
La juventud no llega a administrar lo mismo de siempre; llega con la intención de cambiarlo. Hay una disposición distinta: más cercana a la gente, más abierta a escuchar, pero también más firme al momento de actuar. Esa combinación ha permitido que surjan perfiles que no solo entienden las problemáticas actuales, sino que están dispuestos a enfrentarlas sin titubeos.
Parte de esta diferencia radica en algo sencillo pero poderoso: los jóvenes de hoy no están esperando oportunidades, las están construyendo. Los jóvenes se están rifando por Chihuahua, apostando por su entorno y demostrando que el compromiso no tiene edad. Donde antes había resistencia al cambio, hoy hay iniciativa; donde había distancia, hoy hay conexión.
Claro, la experiencia sigue siendo valiosa. Pero la historia reciente empieza a dejar claro que la falta de años no es una limitante cuando hay preparación, convicción y trabajo constante. Al contrario, en muchos casos ha sido precisamente esa frescura la que ha permitido ver soluciones donde antes solo se veían obstáculos.
Más que una tendencia, lo que estamos viendo es una transformación en la manera de entender el liderazgo. Una en la que la juventud no es sinónimo de inexperiencia, sino de posibilidad. Una en la que los resultados empiezan a hablar por sí solos.
Porque al final, más allá de discursos, lo que realmente importa es lo que se logra. Y hoy, cada vez hay más ejemplos que confirman que cuando la juventud da el paso, las cosas empiezan a moverse.









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