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Cuentas Pendientes | Opinión de Froylán Castillo

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • 4 mar
  • 2 Min. de lectura

El 8M es un día que obliga a mirar la realidad sin maquillaje y a llamar las cosas por su nombre. Y si algo resume esta fecha es esto, el 8M es la obligación de resultados y es, también, el recordatorio de la deuda que México sigue pagando con las mujeres. Conmemorar significa recordar a las víctimas y exigir que el Estado cumpla su función más básica, proteger la vida.


En 2025 México cerró con 725 víctimas de feminicidio, casi dos mujeres asesinadas cada día, números encabezados por Sinaloa. En materia de seguridad es válido reconocer avances cuando los hay, porque los resultados importan. Pero el feminicidio exige un enfoque sin concesiones. Prevención efectiva, protección real, reacción inmediata, investigación sólida y sentencia. Porque en este tema, cada falla del sistema se mide en vidas.


Los focos rojos no son abstractos, tienen territorio, autoridades y responsabilidades claras. En enero de 2026 se registraron 54 feminicidios en el país y cuatro entidades concentraron 39 por ciento de los casos. El dato por sí solo debería bastar para entender que no hay espacio para la comodidad institucional. Un mes y ya vamos contando.


En Chihuahua hay un hecho que no puede relativizarse. En enero de 2026 se reportaron dos feminicidios en el estado y ambos ocurrieron en Ciudad Juárez. Eso no se barre con declaraciones ni con excusas. Y aquí va, breve y frontal, porque no se trata de responsabilidad pública. Juárez tiene alcalde y es Cruz Pérez Cuéllar. Cuando un municipio concentra de esa forma los casos del estado, lo mínimo exigible es presencia, estrategia y coordinación efectiva. No evasivas, no silencio, no el viejo deporte de aventar la culpa hacia otra ventanilla.


El país, además, carga un histórico que explica por qué esta fecha duele tanto. La nota recuerda la evolución anual reciente y es imposible ignorar el contexto político. 2018 cerró con 924 feminicidios, 2019 con 973, 2020 con 976 y 2021 alcanzó 1,021, el nivel más alto de ese periodo. Ese repunte ocurrió ya bajo el gobierno federal de Morena encabezado por Andrés Manuel López Obrador. No es opinión, son cifras. Y cuando las cifras suben en un delito tan brutal, las familias no escuchan discursos, esperan resultados.


Hoy México tiene a la primera mujer presidenta. Eso es histórico. Pero la historia no se escribe con símbolos sino con vidas protegidas. El simbolismo obliga a más, no a menos. Obliga a reconocer lo que no funcionó en el sexenio anterior, a romper inercias, a exigir coordinación real y a convertir el combate al feminicidio en prioridad verificable, con metas, con seguimiento y con consecuencias. Si con Andrés Manuel el país vio crecer esta tragedia hasta sus peores cifras, la primera mujer presidenta no puede conformarse con administrar el problema. Tiene que enfrentarlo y reducirlo con hechos. Porque este 8M se conmemora con respeto y se honra con resultados.

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