Cuando ni tus aliados te acompañan | Opinión de Leslie Medina
- La Redacción

- hace 24 horas
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Esta semana ocurrió algo que dice mucho más de lo que parece a simple vista: la reforma electoral impulsada por el oficialismo no pasó.
Y no fue la oposición quien la frenó.
Fueron, en gran medida, sus propios aliados.
En política hay momentos que revelan la verdadera naturaleza de las cosas. Este fue uno de ellos. Porque cuando una reforma es sólida, cuando está bien construida y busca fortalecer las instituciones, genera consensos. Puede haber debate, puede haber diferencias, pero al final se construyen acuerdos.
Pero cuando una reforma nace con errores, con riesgos o con una clara intención de debilitar lo que durante años le ha dado estabilidad democrática a nuestro país, ni siquiera quienes suelen acompañarte levantan la mano para respaldarla.
Y eso fue exactamente lo que vimos.
La reforma electoral que se intentó impulsar generó tanta preocupación que incluso dentro del propio bloque oficialista hubo quienes entendieron que no podían acompañarla. Y eso es importante decirlo con claridad: cuando ni tus aliados están dispuestos a asumir el costo político de una iniciativa, es porque algo no está bien.
Las instituciones electorales de México no surgieron de la nada. Son el resultado de décadas de lucha democrática, de reformas, de acuerdos entre distintas fuerzas políticas y de la exigencia de millones de ciudadanos que querían elecciones libres y confiables.
Destruir eso o debilitarlo no es un capricho menor.
Por eso lo ocurrido esta semana deja una lección clara: en democracia no todo se puede imponer, y cuando una propuesta amenaza el equilibrio institucional, la realidad termina imponiéndose.
México necesita reformas, sí. Pero reformas que fortalezcan la democracia, no que la pongan en riesgo.
Porque al final, cuando una reforma es mala… ni los propios la defienden.





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