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Cuando los ejemplos importan | Opinión de Veyra Carrasco

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • 3 feb
  • 2 Min. de lectura

En la vida, los buenos ejemplos son fundamentales. Nos acompañan desde que somos hijos, cuando aprendemos a distinguir lo correcto; como estudiantes, cuando buscamos referentes que nos formen; como ciudadanos, cuando observamos cómo se ejerce la responsabilidad; y como sociedad, cuando esos ejemplos terminan influyendo en nuestra cultura diaria.


Hoy resulta cada vez más evidente lo ilógico que es seguir defendiendo iniciativas, reformas y decisiones impulsadas desde un proyecto político que ha privilegiado la improvisación, debilitado instituciones y provocado un profundo desgaste social.

Cuando el fondo se ignora y el bien común se subordina a la ideología, el resultado inevitable es el caos.


Seguir malos liderazgos tiene consecuencias graves. Normaliza la falta de preparación, justifica la ausencia de rumbo y termina afectando el desarrollo humano de una sociedad que necesita soluciones reales, no discursos. La ceguera ante liderazgos deficientes no es pasión política: es una renuncia a la lógica y a la responsabilidad colectiva.


En cambio, en lo personal, he conocido otra forma de servir. Liderazgos que no se ejercen desde la comodidad ni desde un horario fijo. He sido testigo de personas que trabajan en territorio de lunes a domingo, que no descansan en días festivos, que atienden problemas fuera del horario laboral y que escuchan directamente a la gente antes de tomar decisiones. Liderazgos que entienden que servir implica presencia, constancia y una entrega total al bienestar de los demás.


Ese tipo de liderazgo se distingue por su enfoque profundamente humano. No busca reflectores ni aplausos, sino resultados. Se construye desde la cercanía, desde el trabajo silencioso y desde una convicción clara de aportar al bien común de Chihuahua. Cuando existe amor verdadero por una tierra, se nota en el tiempo entregado, en el esfuerzo sostenido y en la disposición de servir incluso cuando nadie está mirando.

El contraste es evidente. De un lado, decisiones sostenidas por dogmas; del otro, trabajo disciplinado, escucha activa y visión de desarrollo. Por eso los ejemplos importan tanto: porque enseñan que el liderazgo no se improvisa y que el servicio público no es un privilegio, sino una responsabilidad permanente.


Hoy más que nunca, es necesario que como jóvenes tengamos referentes que inspiren con hechos, no con discursos. Ejemplos que nos impulsen a creer que sí es posible trabajar con pasión, con visión y con un profundo compromiso humano. Porque son esos ejemplos los que nos animan a perseguir nuestros sueños, a sostener nuestros anhelos y a creer que un mejor futuro se construye sirviendo de verdad.

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