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Cambiar las reglas no basta | Opinión de Gael Haziel

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 12 minutos
  • 2 Min. de lectura

La Presidenta de la República ha anunciado que presentará una iniciativa de reforma electoral, a pesar de desconocer su contenido, el contexto político permite anticipar algunos de los ejes que probablemente estarán sobre la mesa: cambios orientados a reducir costos, ajustes en la organización electoral y modificaciones institucionales que el oficialismo considera necesarias para fortalecer la representación política.


Como ciudadano y específicamente como chihuahuense, me gustaría que la discusión se convirtiera en una oportunidad para abrir un debate amplio sobre cómo mejorar de fondo nuestro sistema electoral. Sería deseable que esta reforma incorporara temas que han permanecido pendientes durante años: mecanismos más estrictos para evitar la infiltración del crimen organizado en candidaturas, reglas que reduzcan las distorsiones de representación en el Congreso y la posibilidad de discutir modelos que permitirían gobiernos con mayor legitimidad de origen.


Hasta ahora, sin embargo, el debate público sugiere que la iniciativa podría concentrarse principalmente en rediseñar la estructura de las autoridades electorales, plantear sobre la mesa la reducción o eliminación de los legisladores de representación proporcional y revisar el financiamiento público a los partidos. Son temas relevantes, sin duda, pero la pregunta de fondo es si estas medidas bastarán para fortalecer la confianza ciudadana en las instituciones electorales o si quedarán cortas frente a los desafíos que enfrenta la democracia mexicana.


México necesita reformas que no solo ajusten el funcionamiento del sistema, sino que atiendan las causas del creciente escepticismo ciudadano: la percepción de impunidad política, los escándalos de corrupción que atraviesan a distintas fuerzas partidistas y la preocupación por la influencia de poderes ilegales en procesos electorales locales. Sin avances visibles en esos frentes, cualquier reforma por ambiciosa que sea en lo administrativo tendrá dificultades para generar credibilidad.


Las reformas electorales siempre han sido momentos definitorios en la historia política del país. Algunas ampliaron derechos, otras corrigieron inequidades y varias surgieron de amplios consensos que permitieron dar estabilidad al sistema. El reto actual consiste en que la próxima reforma no se perciba como una medida de coyuntura, sino como un paso serio hacia instituciones más confiables, reglas más claras y una competencia política que inspire mayor certeza entre los ciudadanos.


Al final, ninguna ingeniería legal sustituye a la confianza pública. Las leyes pueden rediseñarse cada sexenio, pero la legitimidad democrática solo se construye cuando las instituciones funcionan con imparcialidad, cuando los partidos asumen responsabilidad frente a sus propios excesos y cuando los ciudadanos sienten que su voto realmente define el rumbo del país.

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