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Trabajar menos, vivir más | Opinión de Gael Haziel

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 19 horas
  • 2 Min. de lectura

Ha llegado el momento de discutir en la Cámara de Diputados la reducción de la jornada laboral hasta alcanzar las 40 horas semanales. La reforma, ya aprobada en el Senado de la República, representa una de las apuestas más relevantes en materia laboral de los últimos años. Se trata, sin duda, de una iniciativa con profundo sentido humanista que busca dignificar las condiciones de las y los trabajadores en México.


La discusión de los últimos dos sexenios ya no se ha limitado al crecimiento económico o a los indicadores macroeconómicos; hoy se evalúa el impacto real de las decisiones públicas en la vida cotidiana de millones de mexicanos, desde Tijuana hasta la península de Yucatán. En ese terreno, la política laboral reciente ha marcado un cambio de rumbo.


El antecedente más claro es la recuperación sostenida del salario mínimo. En 2018, el salario mínimo era de 88 pesos; hoy supera los 300 pues durante años, los incrementos fueron meramente simbólicos y resultaban insuficientes para revertir la pérdida del poder adquisitivo, hoy, la experiencia reciente demostró que sí era posible mejorar las condiciones de la clase trabajadora sin provocar las crisis que algunos pronosticaban.


En ese contexto, la reducción de la jornada laboral es el siguiente paso natural. Sin embargo, la propuesta de que su implementación sea paulatina merece una crítica seria y responsable.


La gradualidad puede explicarse desde la lógica de dar certidumbre al sector productivo, pero también implica prolongar una realidad que ya es insostenible para millones de trabajadores. Si existe consenso en que México es uno de los países donde más se trabaja y menos se descansa, entonces diferir el beneficio en el tiempo equivale, en los hechos, a posponer un derecho que ya se reconoce como necesario.


Más aún, la evidencia muestra que la reducción de la jornada no es incompatible con la productividad. Trabajadores menos fatigados cometen menos errores, tienen menor rotación y presentan mayores niveles de compromiso.


Porque cuando un derecho ya es reconocido como justo y viable, lo verdaderamente transformador es hacerlo efectivo sin demora.

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