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Regresar al aula, emociones, sueños y la decisión de no rendirse | Opinión de Leonardo Lozano

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura

Regresar a clases siempre despierta emociones encontradas. Nervios, ilusión, expectativas y sobre todo, sueños que se reanudan o que apenas comienzan. Hoy volvemos a nuestra máxima casa de estudios. Diferentes facultades, distintas historias, pero el mismo orgullo, ser parte de la UACH.


Volver al aula significa reencontrarnos con metas personales, con el deseo de ser mejores, de aprender, de exigirnos y también de esperar mucho de quienes estarán frente a nosotros impartiendo clase. Desde buscar el salón correcto, evitar entrar al grupo equivocado, hasta adaptarnos nuevamente a los horarios, al ritmo académico y a la rutina. Pero más allá de lo cotidiano, regresar a clases es recordar por qué estudiamos.


Como jóvenes, estudiamos porque creemos en un futuro mejor, aunque ese futuro a veces se sienta incierto. Vivimos en un país complejo, con retos sociales, económicos y de seguridad que no podemos ignorar. Sin embargo, lejos de apagar nuestras ganas, eso debería impulsarnos a prepararnos más. A no perder la intención ni la esperanza de generar un cambio positivo para nuestra comunidad. Cada quien, desde su trinchera, desde su carrera, desde sus posibilidades.


La juventud enfrenta muchos desafíos. No todos contamos con las mismas oportunidades ni con el mismo apoyo para continuar nuestros estudios. Hay luchas internas que pocas veces se ven; problemas familiares, económicos, emocionales o de salud. Aun así, todos los días miles de jóvenes decidimos levantarnos y seguir adelante. Y eso, por sí solo, ya es un acto de valentía.


En las aulas convivimos con docentes, personal administrativo, de intendencia y compañeros que también cargan sus propias batallas. No sabemos si alguien tuvo un mal día, si atraviesa una situación complicada o si simplemente está cansado. Por eso, la empatía debe ser una herramienta fundamental dentro de la universidad. Ser humanos antes que cualquier otra cosa.


También es importante recordar que, como estudiantes, tenemos derechos. Puede sonar repetitivo hablar de ellos, pero no por eso dejan de ser importantes. Existen instancias como la Defensoría de los Derechos Universitarios y además, mecanismos externos para alzar la voz ante cualquier injusticia o problemática. Informarnos y participar también es parte de nuestra formación.


Aprovechemos cada etapa. Estudiemos con la convicción de que estamos construyendo el mañana, incluso en medio de las adversidades y de un mundo que cambia constantemente. Hacer comunidad, apoyarnos entre nosotros y trabajar en equipo hace la diferencia. Nadie llega lejos solo.


¿Es estresante? Claro que sí. Pensar que algún día estos momentos quedarán atrás genera nostalgia incluso antes de que terminen. Levantarse temprano, dividir el tiempo entre la universidad y el trabajo, cumplir con responsabilidades académicas y personales no es sencillo. Pero si trabajas y estudias o si ya pasaste por esa etapa sabes que tiene un mérito enorme.


Si hoy duermes poco, si sientes que el tiempo no alcanza y que la rutina vuelve a comenzar cuando apenas terminó el día anterior, ¡felicidades! Estás en plena construcción del éxito que deseas para tu futuro. Todo esfuerzo tiene un propósito y aunque no siempre se vea de inmediato el resultado, cada paso cuenta.


Confía en Dios, confía en ti y en tus capacidades. Sé el arquitecto de tu propio destino, aprovechando las oportunidades que se presenten y creando otras cuando sea necesario. Ten claros tus objetivos, atrévete a soñar en grande y lucha por ellos, incluso cuando parezcan imposibles. No se alcanzan de un día para otro, pero cada día estarás un poco más cerca que el día anterior.


El regreso a clases no es solo volver al aula; es reafirmar la decisión de no rendirse y de seguir apostándole a nuestros sueños.


Cierro con esta frase: “La pregunta no es si la vida nos debe algo, sino qué le debemos nosotros a la vida. El hombre no se define por las circunstancias que enfrenta, sino por la decisión que toma frente a ellas. Cuando una persona tiene un porqué por el cual vivir, puede soportar casi cualquier cómo. El esfuerzo, la disciplina y la voluntad son los verdaderos cimientos de cualquier sueño duradero.” Frankl, V. (1946). El hombre en busca del sentido.

 

Bendiciones y éxito en este regreso a clases compañeras y compañeros. Estamos a la orden.

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