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¿La culpa del descarrilamiento del tren? El conductor | Opinión de Alex Batista

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 8 minutos
  • 3 Min. de lectura

Hay una frase de la abogada británica Emmeline Pankhurst que dice que “la justicia y el juicio a menudo se encuentran a un mundo aparte”. Y esa frase hoy, cobra mayor relevancia con las declaraciones de la FGR y de su recién nombrada titular, Ernestina Godoy.


Según la Fiscalía, el motivo del descarrilamiento del Tren Interoceánico, donde desgraciadamente murieron más de 14 personas y más de 100 personas resultaron heridas, fue por el exceso de velocidad del maquinista. El conductor en lugar de manejar a 50 km por hora, lo hacía a 65. Esa fue la causa. El conductor y ya.


La FGR no menciono los señalamientos de la Auditoría. No se mencionó la asesoría y supervisión del hijo del expresidente. Nada.


Y como siempre, las versiones del gobierno al último dejan más preguntas que dudas. Porque, como bien dijo el escritor James Baldwin, no se puede creer lo que se dice cuando no coincide con lo que se hace. 


A ver, los accidentes ferroviarios no son tragedias exclusivas de nuestro país. Lamentablemente ocurren en todo el mundo. Desgraciadamente, México, es de los países donde la respuesta oficial ante estas tragedias es de las más que dan coraje y vergüenza.

 

Un ejemplo reciente es en Aldamuz, Córdoba, España, ocurrido el 18 de enero de este año; donde en un trayecto de Málaga a Madrid, un tren se descarriló, invadió la vía contigua y provocó la colisión con otro tren de Alvia. El saldo fue de 45 personas fallecidas.


Las investigaciones preliminares señalaron una rotura detectada en la vía. Un error en la infraestructura ferroviaria.


Otro caso ocurrió en Portugal el 3 de septiembre del año pasado. Un funicular turístico en Lisboa sufrió la ruptura de un cable, lo que provocó la muerte de 16 personas, en su mayoría turistas.


Según un reportaje de El Economista, las investigaciones señalaron que el cable no cumplía con la normativa para el transporte de pasajeros y que existieron irregularidades en las tareas de mantenimiento.


Otro ejemplo ocurrió en Perú el 30 de diciembre. 2 trenes turísticos chocaron de frente en una vía cercana a Machu Picchu, donde desgraciadamente falleció el maquinista y hubo más de 50 personas heridas.


El mismo reportaje menciono que las primeras investigaciones apuntaron a una falla en la coordinación operativa de horarios y cruces. Esto llevó a la suspensión total del servicio.

 

Las tragedias existieron en otros lados, pero ahí si existieron investigaciones claras.

Como bien concluyó El Economista, aunque los contextos son distintos, los accidentes de ferroviarios suelen compartir factores en común: fallas en la infraestructura, deficiencias en el mantenimiento, errores de coordinación y sistemas de control insuficientes.

 

Pero en México, p̶a̶s̶ó̶ ̶t̶o̶d̶o̶ ̶a̶l̶ ̶m̶i̶s̶m̶o̶ ̶t̶i̶e̶m̶p̶o̶ ̶ ̶  siempre es diferente.

Aquí el descarrilamiento del Interoceánico no fue por malas condiciones de la obra. No fue por la corrupción. No fue por la intervención del hijo del expresidente, ni por los dichos de sus amigos que dijeron que “ya cuando se descarrile el tren ya va a ser otro pedo”.


No fue por la opacidad con la que se hizo la obra. No fue porque se ocultará la información bajo el manto de ser obra de “seguridad nacional”. No fue por el sobreprecio de una obra que pasó de costar 20 mil millones a 62 mil millones de pesos.


No fue ninguna falla estructural. No fue ninguna deficiencia técnica. No fue ningún error de diseño.


No fue otro caso de revictimización y no fue otro intento del gobierno por cargar toda la responsabilidad a una sola persona, que en realidad, no explica el fondo del problema.


En México todo es distinto. Y solo es una coincidencia que en el mundo existan países donde ante una tragedia, se investigue, se asuman responsabilidades y se haga justicia.


Aquí, el gobierno de la transformación siempre tiene razón. Y todos los que no estén de acuerdo con esta versión, están equivocados.


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