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¿Reforma judicial en Italia? | Opinión de Alex Batista

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 4 días

Quien diría que MORENA si tenía razón cuando se refería a AMLO como el “Gigante de Macuspana” al considerarlo como una referencia internacional. Y no lo digo para bien, lo digo por volverse un referente para los líderes de ideologías radicales en distintas partes del mundo.


Y no, no lo digo por el estudio POPAMLO (“The Populist Model of Andrés Manuel López Obrador) que realiza la Unión Europea a fin de entender qué le pasó a México al convertirse en ejemplo de gobiernos populistas.


No, lo digo por la reforma judicial promovida por la Primera Ministra de Italia, Giorgia Meloni. En donde, este fin de semana, fue rechazada en un referéndum con poco más del 54% de los votos en contra.


Se trataba de una de las principales apuestas de su gobierno y, aunque ya había sido aprobada por el Parlamento, todavía necesitaba la aprobación de la gente.


Por un lado, el oficialismo insistía en que era una enmienda necesaria para terminar con los privilegios de las togas que iban en contra de la democracia y el pueblo. ¿Dónde habremos escuchado algo parecido?


Por el lado de la oposición, se advertía que esta propuesta legislativa podría convertirse en una amenaza directa a la independencia de jueces y fiscales. Y tenían razón para preocuparse.


En el fondo, la reforma planteaba cambios estructurales que separaban la carrera judicial y a los miembros de la carrera fiscal.


Además, se hubiera creado un nuevo Ministerio Público que hubiera tenido como misión la instrucción penal, pero cuyas reglas de acceso a la carrera y otros extremos particularmente importantes, como la persecución de oficio de delitos tendrían que ser desarrollados por el legislador.


En términos más sencillos, implicaba restarle funciones para dárselos al Legislativo y al Ejecutivo (donde tiene control el gobierno de Meloni) y debilitar al Poder Judicial. Obviamente, rompiendo con la división de poderes.


Esto representa la primera gran derrota para la Primera Ministra, quien hace apenas 2 meses tenía una ventaja de casi 20 puntos su reforma; pero que la participación cercana del 59%, y particularmente por parte del voto juvenil, terminaron por cambiar el rumbo del resultado.

Y es ahí donde esta lo más interesante para mí.


Durante la jornada del sábado, un joven increpó a Meloni diciéndole que no votaría a favor de su reforma. Pero aun con este contexto adverso, la mandataria respondió: “Está bien, así es la democracia”.


Una respuesta, aunque breve, que lo dijo todo. Porque en una verdadera democracia, como en la vida, no todo es de blancos y negros, sino de grises y de matices. Y en Italia a pesar de la reforma regresiva del gobierno, se pudo aceptar un resultado adverso, y se pudo escuchar y respetar que el pueblo tuvo la última palabra.


Desgraciadamente, parece que en México vivimos todo lo contrario.


Aquí, frente a reformas regresivas como la judicial o la electoral, la reacción ha sido distinta. En el caso de la reforma electoral, que probablemente sea una de las más importantes del sexenio de la presidenta Sheinbaum, ya es la 5ta ocasión en la que se intenta impulsar.


5 intentos en los que, a las buenas o a las malas, buscan cambiar las reglas del juego para que el árbitro termine jugando a su favor.


Y cuando no lo logran, entonces no es la democracia o la división de poderes la que habla. Son “los de antes”, “los opositores” o “los corruptos”. Siempre otros. Nunca ellos. Y ese es precisamente el problema.


Porque, al final, las radicalidades son cíclicas. No importa si provienen de la derecha o de la izquierda, el poder siempre encuentra la forma de concentrarse y, en muchos casos, de burlar la ley para mantenerse.


La diferencia real está en cómo se reacciona cuando la ciudadanía o las instituciones imponen un límite. En Italia, una reforma regresiva fue rechazada y el gobierno aceptó el resultado. En México, cuando la Suprema Corte frenó la reforma energética o la electoral, la reacción de AMLO y de MORENA fue descalificarla y confrontarla.


Allá se respetó la decisión democrática. Aquí, la culpa siempre es de los de antes. De Calderón. De García Luna. Del neoliberalismo. De los españoles. De Adán y Eva.


Quizá Italia pueda ayudarnos a recordar algo que en México parece cada vez más lejano, que la democracia no se trata de imponer la voluntad del gobierno, sino de respetar la decisión del pueblo.


Y, sobre todo, de aceptarla incluso cuando no te favorece.

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