La ceguera del privilegio | Opinión de Nahiara Colmenero
- La Redacción

- hace 1 día
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“Ya todo es exageración”.
“No es tan grave como dicen”.
“Se victimizan”.
“Ahora todo les ofende”.
Frases que se repiten con ligereza, pero que cargan una profunda desconexión con la realidad de millones de personas. No describen el mundo: lo minimizan.
Es fácil pensar que todo está bien cuando se observa desde una posición cómoda. Es fácil cuestionar noticias, informes y estadísticas para reducir los problemas ajenos cuando no se viven en carne propia.
Quien más valora los derechos humanos es quien los ha visto vulnerados. Porque mientras no te sientas en riesgo, resulta sencillo considerarlos innecesarios, sin reconocer que, precisamente, tu tranquilidad depende de su existencia.
También es fácil ignorar a quienes los defienden. A los activistas que, cada vez con mayor riesgo, alzan la voz por otros. La indiferencia impide ver la gravedad de una realidad en la que, para muchas personas, el ejercicio pleno de sus derechos humanos sigue siendo un privilegio y no una garantía.
Antes de que la realidad te obligue a exigir lo que hoy das por sentado, vale la pena detenerse y repensar. Repensar la importancia de los derechos humanos y la urgencia de defenderlos en un contexto donde, cada vez más, los gobiernos los relegan.
Nos incomodan las manifestaciones. Nos molestan las protestas. Las cuestionamos, las criticamos, las reducimos a “excesos”. Pero olvidamos algo fundamental: nuestra libertad no es producto del silencio ni del conformismo. Es resultado de luchas, de resistencias, de personas que se negaron a aceptar la injusticia como norma.





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