top of page
500x200.gif
500x200 (3).png

¿Reforma a las 40 horas?: Una manzana envenenada | Opinión de Alex Batista

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 9 horas
  • 2 Min. de lectura

Esta reforma no es un tema menor. Es una discusión urgente y profundamente relevante para la clase trabajadora.


Desde 1917, la Constitución estableció una jornada de seis días laborales con un solo día de descanso. Han pasado 109 años. México dejó de ser una economía agrícola, se industrializó y hoy es una economía de servicios y digital. Sin embargo, seguimos anclados a un solo día de descanso semanal.


Por eso, una reforma que debería ser histórica se está quedando corta. Es una simulación. Nos están vendiendo gato por liebre. Si la Constitución no garantiza de manera explícita dos días de descanso, no hay ninguna certeza real para las personas trabajadoras.


Y el problema no es trabajar. Nadie está diciendo que la gente no deba hacerlo. El problema es cómo y en qué condiciones: con pagos justos, con límites claros y con tiempo para decidir qué hacer con la propia vida: estar más con la familia, estudiar, capacitarse, tomar otro empleo, trabajar horas extra por decisión propia o simplemente descansar. Se trata de libertad y dignidad laboral.


Morena quiere ponerse la estrellita de haber impulsado la reforma laboral. Pero esta no es una reforma de 40 horas. Es, en los hechos, una reforma que amplía las horas extra.

Sí, la jornada ordinaria se reducirá gradualmente hasta llegar a 40 horas en 2030, pero al mismo tiempo se incrementa el límite de horas extraordinarias de 9 a 12.


Veámoslo con un ejemplo que puso la Senadora, Claudia Anaya. Hoy, una persona que trabaja como mesero cumple ocho horas diarias durante seis días. Eso suma 48 horas semanales, más la posibilidad de hasta nueve horas extra. Con la reforma, en 2030 trabajaría 40 horas ordinarias, pero con hasta 12 horas extra.


¿Cómo se acomodarán esas 40 horas? La respuesta es evidente en sectores como el de servicios: seis días de trabajo, con seis horas ordinarias y dos horas extra diarias para completar jornadas de ocho horas.


Es decir, seguiríamos trabajando seis días, solo que ahora con horas extra diarias.

El verdadero problema de no garantizar un segundo día de descanso es que se deja abierta la puerta para que las empresas acomoden las horas según su conveniencia.


Y la idea de que el trabajador “decide” si hace horas extra es, en muchos casos, una ficción. Basta firmar un contrato en una maquila o en el sector servicios para entenderlo: las horas extra vienen implícitas, porque lo que el patrón no quiere es detener la operación.


El Frente por las 40 horas lo ha denunciado desde hace tiempo. Además, los tiempos están cambiando. En el norte del país el empleo industrial ha disminuido por la automatización y la tecnología.


Para 2030, muchas tareas habrán sido sustituidas por inteligencia artificial. Mantener esquemas laborales pensados para otra época ya no tiene sentido.


Con las condiciones laborales privilegiadas que tienen diputados y senadores, a ellos no les va a impactar. Por eso no les importa. Pero a millones de personas trabajadoras, sí.


Por eso, esta reforma, tal como está planteada, no es un avance histórico. Es una simulación. 

Comentarios


bottom of page