Dejen de complicar la política a los no políticos | Opinión de Mariana Rascón
- La Redacción

- hace 5 días
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Hoy, cada partido en México juega su propio juego en la conversación pública.
El PAN transita entre rebrandings, nuevos discursos y búsquedas de identidad que todavía está aterrizando. El PRI intenta sobrevivir con memes y humor en redes sociales para no desaparecer del radar. MORENA controla el ritmo todos los días desde las mañaneras, obligando a los demás a reaccionar. Movimiento Ciudadano vende política como marca y no como servicio.
Todos comunican. Pero eso no significa que alguien esté siendo entendido del todo.
La discusión se volvió superficial. Se mide quién habla más fuerte, quién responde más rápido, quién domina la tendencia del día. Y en ese ruido se pierde lo esencial: ninguna estrategia sirve si la ciudadanía no entiende de qué le están hablando, convirtiendo a la política en un idioma cerrado.
Las cifras ya muestran el costo.
En la elección presidencial de 2024 participaron más de 60 millones de personas, cerca del 61% del padrón, de acuerdo con datos oficiales del Instituto Nacional Electoral. Eso significa que casi cuatro de cada diez ciudadanos no acudieron a votar, incluso en la elección más grande de la historia reciente.
Y el contraste llegó apenas un año después. En la elección judicial federal de 2025 la participación cayó a entre 12.57 % y 13.32 % del electorado, alrededor de 13 millones de votantes, según estimaciones del propio INE. Esta fue una de las participaciones más bajas registradas en décadas y encendió alertas sobre la desconexión entre ciudadanía y agenda pública.
No es solo un dato electoral… es una advertencia democrática.
Cuando la gente no entiende la agenda pública, deja de decidir desde la convicción y empieza a decidir desde el cansancio… o simplemente deja de decidir. Algunos votan sin claridad. Otros se quedan en casa. Y ahí aparece el riesgo real: no solo perder elecciones, sino vaciar de sentido la democracia.
Sin embargo, debemos entender que este no es el problema de un partido. Es un vicio del sistema completo.
Se invierte en imagen, campañas, voceros, bots, tendencias y guerras digitales, pero casi nadie se detiene en lo básico: hablar en un lenguaje que la gente pueda entender sin traducción.
Rumbo a las elecciones del próximo año, todo se va a intensificar: más spots, más ataques, más narrativas diseñadas para ganar atención, no comprensión. Habrá más política que nunca y no necesariamente más claridad.
Porque la política en México hoy compite por ruido, no por sentido. Y cuando el sentido desaparece, la agenda pública deja de pertenecer a la ciudadanía y se queda encerrada en la burbuja del poder.
Tal vez la pregunta ya no es quién comunica mejor. Tal vez la pregunta incómoda es otra: Si la gente no entiende la política… ¿quién decidió que debía ser así?








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