El problema no es la política, es la falta de valores | Opinión de Leonardo Lozano
- La Redacción

- hace 3 días
- 3 Min. de lectura

Durante años nos han repetido la misma idea, la política es sucia, la política corrompe, la política es para los mismos de siempre. Y tanto se ha dicho, que hoy muchos jóvenes prefieren mantenerse lejos, criticar desde redes sociales o simplemente decir “eso no es para mí”. El problema es que cuando los jóvenes con valores se van, el espacio lo ocupan otros. Y ahí es donde todo se descompone.
Hoy la política parece dividida en dos colores. Blanco o negro. Estás conmigo o estás contra mí. Ya casi no hay matices, ni diálogo, ni espacio para pensar distinto. En medio de esa polarización, cada vez son menos los jóvenes que se animan a entrar a la vida pública con ideas propias. No porque no las tengan, sino porque defenderlas cuesta.
Cuesta quedar bien. Cuesta oportunidades. Cuesta amistades. Y entonces aparece la tentación más peligrosa, entrar sin creer. Ponerse una camiseta que no te representa, no por convicción, sino porque es el equipo que va ganando. Decir “no coincido, pero me sumo”. Justificarlo con frases como “desde adentro cambio las cosas”, cuando en el fondo sabes que estás renunciando a lo que piensas.
Volteamos a ver los espacios de poder el Congreso, los gobiernos, incluso el sistema de justicia y la pregunta es inevitable, ¿me representan?, ¿hablan como yo?, ¿piensan en la gente o en el siguiente cargo? Muchas veces la respuesta es no. Y no porque falte juventud, sino porque faltan perfiles con identidad, con carácter y con convicciones claras.
Hoy vemos a más jóvenes ocupando cargos, pero menos jóvenes defendiendo ideas. Más preocupación por quedar bien con todos y menos valentía para sostener una postura. Y el problema de querer agradar a todos es simple, terminas quedando mal con todos. Porque quien no cree en nada, no defiende nada. Y quien no defiende nada, termina siendo parte de una política pobre, vacía y sin rumbo.
Esto no empieza en los grandes cargos. Empieza mucho antes. En los grupos universitarios. En los liderazgos juveniles. En los círculos de amigos. Empieza cuando decides callar lo que piensas para no incomodar, cuando prefieres encajar antes que ser congruente, cuando pones el interés personal por encima de tus convicciones.
La política no necesita más jóvenes ocupando sillas. Necesita jóvenes con columna vertebral. Personas que estén donde están porque realmente creen en algo, no solo porque les conviene. Porque quien entra a la política por convicción, tarde o temprano encuentra su recompensa. No siempre inmediata, no siempre visible, pero real. En cambio, quien entra solo por estar, termina vacío, sin credibilidad y sin rumbo.
Nos han hecho creer que la política está mal. Y no es cierto. Lo que está mal es una política sin valores. Una política sin principios. Una política donde se normaliza traicionarse a uno mismo para avanzar. Donde se justifica lo injustificable con tal de mantenerse dentro.
Recuperar la política no empieza con reformas mágicas ni discursos perfectos. Empieza con algo mucho más simple y mucho más difícil, no renunciar a lo que crees. Defender tus ideas, aunque incomoden. Sostener tu postura, aunque te critiquen. Porque al final, el verdadero problema no es participar en política. El verdadero problema es hacerlo sin sentido, sin identidad y sin convicción.
Y todo empieza ahí. En el momento exacto en que decides si tus intereses van por delante, o si tienes el valor de defender lo que importa.








.png)



Comentarios