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Pensar en Región | Opinión de Rogelio Iván Pérez

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • 18 jun
  • 3 min de lectura

En México, solemos hablar del desarrollo desde una perspectiva municipal. Y no es para menos. El artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que el municipio libre constituye la base de la división territorial y de la organización política y administrativa de los estados. Asimismo, dispone que cada municipio será gobernado por un Ayuntamiento de elección popular directa, encargado de ejercer las atribuciones que la propia Constitución le confiere.


Esta porción normativa menciona que el municipio es el orden de gobierno más cercano a la ciudadanía. Es ahí donde se reciben las demandas de servicios públicos, infraestructura, desarrollo urbano, seguridad y bienestar social. Es también el espacio donde los gobiernos tienen un contacto más directo con las necesidades y aspiraciones de la población.


Sin embargo, la realidad actual nos obliga a ampliar la mirada. Los desafíos que enfrentan nuestros municipios difícilmente pueden entenderse o resolverse de manera aislada. El acceso al agua, la conectividad carretera, la movilidad, el desarrollo económico, el turismo, la protección ambiental y la atracción de inversiones son temas que trascienden los límites territoriales de un solo municipio.


Por ello, hablar de desarrollo regional no significa restar importancia a la autonomía municipal. Por el contrario, implica reconocer que los municipios pueden fortalecerse cuando trabajan de manera coordinada y comparten una visión común sobre los retos y oportunidades que enfrentan.


En este sentido, considero que el trabajo entre gobierno y sociedad debe ir más allá de las buenas intenciones y los discursos. La construcción de consejos, mesas de trabajo, organismos de participación y espacios de diálogo resulta indispensable para identificar necesidades, atender problemáticas y generar propuestas que contribuyan al desarrollo de nuestras comunidades. Al final, las mejores soluciones suelen surgir cuando existe la voluntad de construirlas de manera conjunta y con una visión regional.


Durante muchos años, la planeación pública estuvo orientada principalmente a atender necesidades inmediatas o proyectos específicos de cada localidad. Hoy resulta cada vez más evidente que los problemas complejos requieren soluciones coordinadas y una visión de largo plazo. Ningún municipio, por sí solo, puede enfrentar todos los desafíos que plantea el desarrollo contemporáneo.


La construcción de una visión regional también exige la participación de actores distintos al gobierno. Las universidades, los organismos empresariales, las organizaciones de la sociedad civil, los sectores productivos y la ciudadanía tienen mucho que aportar en la definición de prioridades y en la búsqueda de soluciones. El desarrollo sostenible solo puede alcanzarse cuando existe diálogo, colaboración y corresponsabilidad entre quienes comparten un mismo territorio.


En Chihuahua contamos con regiones profundamente diversas. La Sierra, la zona centro-sur, el corredor comercial de Cuauhtémoc, la región sur y la frontera presentan realidades distintas, pero también desafíos comunes. Comprender estas particularidades y, al mismo tiempo, identificar los puntos de coincidencia es indispensable para construir estrategias que generen beneficios duraderos.


La coordinación institucional no debe verse únicamente como un requisito administrativo. Debe entenderse como una herramienta para generar mejores resultados. Cuando los municipios dialogan entre sí, cuando las dependencias gubernamentales comparten objetivos y cuando los distintos sectores de la sociedad participan en la definición de prioridades, las posibilidades de éxito aumentan considerablemente.


La autonomía municipal seguirá siendo uno de los pilares de nuestro sistema constitucional. Pero esa autonomía encuentra su mejor expresión cuando se acompaña de capacidad de diálogo, disposición para construir acuerdos y voluntad para impulsar proyectos que beneficien a regiones enteras.


Pensar en región no significa dejar de lado la identidad o las necesidades particulares de cada municipio. Significa reconocer que el desarrollo del siglo XXI demanda cooperación, coordinación y una visión compartida del futuro.


De una manera conclusiva, los chihuahuenses no distinguimos fronteras entre nostros, y mucho menos aquellas que son del orden administrativo, esperamos cooperación, soluciones que impacten en el desarrollo de nuestras comunidades y para construirlas, quizá el momento de comprender que los grandes avances no siempre se logran pensando únicamente en un municipio, sino en la región que todos compartimos.

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