Patrocinando dictaduras con el bolsillo de los mexicanos | Opinión de Leonardo Lozano
- La Redacción

- hace 3 días
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Vivimos épocas interesantes, pero profundamente preocupantes. Como bien dice el viejo dicho: quien no conoce su historia está condenado a repetirla. Y lo que hoy estamos presenciando en México y en América Latina parece sacado de un capítulo que ya conocemos demasiado bien, proyectos políticos retrógradas, discursos maquillados de “austeridad” y un claro impulso a modelos socialistas que han demostrado, una y otra vez, ser un rotundo fracaso.
El socialismo no es una teoría nueva ni una apuesta innovadora. Es un modelo agotado, probado y reprobado, cuyos resultados han sido miseria, represión y pérdida de libertades. Sin embargo, hoy vemos cómo desde el poder se insiste en revivirlo, ignorando deliberadamente las lecciones de la historia.
Ahí está el caso de Venezuela. Un país con todo para ser potencia, reducido a la tragedia por el autoritarismo de un régimen encabezado por Nicolás Maduro, opresor de un pueblo que grita hambre mientras sus gobernantes se aferran al poder. Bajo el disfraz de la “austeridad”, lo único austero han sido sus discursos; porque de manejo responsable de los recursos, poco o nada. Energía, diplomacia, economía y legalidad han sido devastadas por una élite que se sirve del Estado.
Como bien dice una conocida canción de cantautores mexicanos, si le das más poder al poder, más duro “se van a venir a aprovechar”, palabras más, palabras menos. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando los gobiernos concentran decisiones, eliminan contrapesos y gobiernan desde la ideología, no desde la realidad.
No sorprende entonces que Venezuela haya sostenido económicamente a Cuba, otro régimen fracasado que desde hace décadas oprime a su pueblo y bloquea cualquier intento de renovación interna. Lo verdaderamente lamentable es que hoy México se esté sumando a esta cadena de complicidades.
Muchos se preguntarán ¿y esto qué tiene que ver con nosotros? La respuesta es sencilla, nos afecta en todo. El petróleo es de los mexicanos. Nuestros energéticos nos pertenecen, y es reprobable que, además de tolerar el huachicol fiscal y la corrupción, el gobierno federal esté regalando petróleo a una dictadura sangrienta como la cubana.
Se nos dice que es un “regalo al pueblo de Cuba”. Pero eso es falso. Ese petróleo no llega a las familias cubanas; llega a las manos del régimen, que lo administra, lo controla y lo usa para mantenerse en el poder. No es solidaridad con un pueblo oprimido, es respaldo directo a su dictadura. Y entonces la pregunta es inevitable ¿por qué?
¿Por qué los mexicanos tenemos que pagar una gasolina Magna a más de 24 pesos por litro, donde cerca de 10 pesos son impuestos, mientras nuestro gobierno regala nuestros recursos? Lo pagamos todos los días: en el transporte, en los alimentos, en los servicios, en el costo de vivir. Es indignante ver cómo, como nación, estamos financiando regímenes opresores en lugar de apoyar a las familias mexicanas, a los estudiantes, a los trabajadores y a los emprendedores.
México históricamente ha tenido como principal aliado a Estados Unidos. Compartimos historia, comercio y responsabilidad regional. Sin embargo, hoy vemos una relación deteriorada por la falta de cooperación en temas clave como la seguridad. La estrategia fallida de “abrazos y no balazos” ha obligado a otros países a preocuparse por lo que nuestro propio gobierno se niega a enfrentar, mientras aquí se encubren y toleran a los cárteles.
¿No resulta preocupante la similitud del camino que estamos tomando? Aliarnos con gobiernos de ultraizquierda fracasados, concentrar poder, relativizar libertades y normalizar la opresión. El Muro de Berlín ya cayó, y la historia ya nos advirtió cómo terminan estos experimentos ideológicos.
Abramos los ojos. Basta de patrocinar dictaduras con el trabajo de las y los mexicanos. Se habla mucho de soberanía, pero la verdadera soberanía empieza por defender nuestros energéticos, nuestra economía y nuestra libertad. Todo lo demás es discurso vacío.
La pregunta final no es si esto nos afecta. La pregunta es si vamos a seguir callando. Porque las dictaduras no se sostienen solo por quienes gobiernan, sino también por quienes miran hacia otro lado. Y el costo de ese silencio siempre lo paga el pueblo.







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