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Congruencia en tiempos de populismo | Opinión de Alejandro Batista

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura

En un contexto donde crece la polarización y donde la intromisión violenta de Estados Unidos en distintos países vuelve a encender alarmas, es importante detenernos un momento y analizar el panorama geopolítico.

 

Porque si rechazamos las intromisiones y excesos de Trump en Estados Unidos, si nos indignan sus abusos, sus extravíos autoritarios y su desprecio por los contrapesos, entonces toca preguntarnos con honestidad: ¿reaccionamos igual cuando esos excesos vienen de casa?

 

Si estás en contra de que Trump utilice su legitimidad popular e ideológica como licencia para hacer lo que le venga en gana, entonces no puedes justificar que Morena reduzca, someta o intente capturar instituciones solo “porque lo respalda el pueblo”.

 

Si te indignó que Trump atacara a la Reserva Federal por no obedecer sus caprichos económicos, entonces tampoco puedes aplaudir que el gobierno de MORENA busque doblegar al Poder Judicial solo porque hace tres años declaró inconstitucional la reforma militar o la energética.

 

Si condenas los arrestos injustificados de ICE contra migrantes, no puedes mirar hacia otro lado frente a la prisión preventiva oficiosa en México, que mantiene tras las rejas a cientos de miles de personas sin juicio.

 

Si te molestó que Trump ignorara organismos internacionales, entonces no puedes justificar que México desdeñe las resoluciones de la ONU sobre desapariciones forzadas con el argumento de la “autodeterminación”, cuando esas recomendaciones señalan la responsabilidad del propio Estado.

 

Si viste con preocupación que las redes sociales de la Casa Blanca se convirtiera en un aparato de propaganda política, entonces deberías rechazar también la ideologización educativa propagandística que promueve Marx Arriaga al afirmar que la escuela debe “obradorizarse”.

 

Si cuestionas las denostaciones de Trump contra demócratas, extranjeros, migrantes, miembros de la comunidad LGBTIIQ+, entonces tampoco puedes normalizar que Morena ataque a quienes no piensan como ellos: madres buscadoras, ambientalistas, estudiantes, jóvenes o ciudadanos que solo exigen justicia.

 

Si criticamos que Trump manipule expedientes, censure archivos o evada la justicia —como en el caso de los Epstein Files—, entonces no podemos aplaudir que en México Adán Augusto no enfrente investigación alguna pese a que su secretario de seguridad en Tabasco está procesado por liderar un cártel criminal.

 

O que el sobrino del secretario de Marinal; o para los hijos del expresidente López Obrador involucrados en el Tren Interoceánico; o para los viajes y lujos inexplicables de Noroña mientras presume una austeridad inexistente.

 

Porque el punto no es Trump. El punto es la congruencia ante las injusticias.

 

Como dice la frase, quien no saca la viga de su propio ojo no puede señalar la paja en el de su hermano.

 

Gabriel Boric lo expresó con claridad al advertir que el mayor daño a la causa de los derechos humanos ocurre cuando todo se analiza según el color del gobierno que los vulnera. Cuando el sufrimiento humano se convierte en herramienta para golpear o defender al gobierno de turno. Cuando el dolor se vuelve utilería política.

 

Esa instrumentalización alimenta el partidismo, acelera la radicalización y destruye cualquier espacio para el diálogo democrático.

 

Porque lo que más hace falta es lo más simple y lo más difícil: defender los derechos humanos en todo lugar, en todo país y sin importar el color del gobierno que los vulnere.


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