¿Otra vez el tren? | Opinión de Alex Batista
- La Redacción

- 16 jul
- 2 min de lectura

Cuando un tren se sale de las vías, no deberíamos de preguntarnos quién tuvo la culpa. Si no, ¿cómo fue posible?
Porque en un tren no debería de haber improvisaciones. Nomás debe seguir un camino trazado con años de anticipación. Cada riel debió ser colocado con planeación para impedir un accidente, ¿no?
¿O por qué el Tren Interoceánico se volvió a descarrilar? ¿Por qué ocurrió lamentablemente en el mismo tramo donde, hace 7 meses, murieron 14 personas y más de 100 resultaron heridas?
Gracias a Dios, esta vez los vagones iban vacíos y la Marina informó que no hubo lesionados.
Después, la presidenta aseguró que el tren no se descarriló, solo “se movió de la vía” (¿?). Una frase extraordinaria que resume bien nuestro gobierno de la transformación.
No hubo descarrilamiento, hubo un desplazamiento ferroviario involuntario en menos de 7 meses.
No hay corrupción, hay casos aislados de abusos del poder en las 32 entidades federativas del país.
No hay crisis de seguridad, hay un sabotaje sistemático promovido por Calderón y su gobierno que terminó hace 14 años.
No hay muertos, hay un ataque masivo de la oposición para desprestigiar la envestidura de la presidencia y la legitimidad del movimiento.
No hay un Ministerio de la Verdad de Orwell, hay conferencias mañaneras.
Pero esos no son los problemas que nos deberían de importar. El problema es de los operadores, por eso el gobierno sabiamente pidió reducir el límite de los trenes a de 60 a 30 km/h.
Pero…y disculpen la osadía, y si… ¿el problema nunca fue el maquinista?
Es imposible que pudieran ocurrir estas tragedias si este proyecto nació en manos de Almicar Olán, amigo de los hijos de nuestro expresidente López Obrador, que vendió balasto a sobreprecio.
No pudiera ocurrir esto si el proyecto pasó al control de las Fuerzas Armadas. Y mientras eso ocurría, en 2023 el gobierno declaró de seguridad nacional las obras del Corredor Interoceánico y del Tren Maya.
Pero ¿por qué? Ni que la Auditoría hubiera señalado que hubo compras mal hechas e irregulares. Ni que el proyecto que estaba presupuestado en 20 mil millones terminará costando 62 mil millones. Digo, ni que la corrupción matará.
Todo es un compló neoliberal.
Lo que si es cierto, es que al final, los trenes tienen una virtud que muchos políticos envidiarían: no saben mentir. Si se salen de las vías, se salen de las vías.
Por eso resulta tan absurdo discutir si hubo descarrilamiento o un simple "movimiento ferroviario". La realidad ya emitió su dictamen.
Lo que sigue pendiente es saber si alguien está dispuesto a asumir responsabilidades o si, como tantas veces en este país, volveremos a cambiar las palabras para no cambiar las cosas.




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