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México en la mira: la violencia no conoce de fronteras | Opinión de Nahiara Colmenero

Foto del escritor: La Redacción
La Redacción
hace 54 minutos
4 min de lectura

No es sorpresa que, para los extranjeros, México, no solo sea sinónimo de fiesta, tacos y tequila, sino también de narcotráfico, violencia e inseguridad.


Durante años hemos cargado con la imagen de un país peligroso, uno en el que para quienes nos visitan, se corre un riesgo. Y aunque las cifras de violencia suban o bajen, hay algo que permanece: la inseguridad sigue formando parte de la realidad cotidiana de millones de mexicanos.


Los mexicanos somos excelentes anfitriones, cálidos y amables con quienes nos visitan. Eso también es México. Pero la inseguridad en el país es algo que no podemos negar ni esconder detrás de cifras, discursos o informes. Esta semana, a pocos días de que la presidenta Claudia Sheinbaum presentara cifras alentadoras en materia de seguridad durante su informe de gobierno, un hecho volvió a poner a México bajo la mirada internacional.


Se trata del feminicidio de Claudia Tacoronte Aguilera, una estudiante española de 21 años que se encontraba en México realizando un intercambio académico en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Claudia, estudiante de la Universidad de Granada, había llegado al país apenas unas semanas antes. Su estancia académica, que debía ser una oportunidad para conocer otra cultura, continuar su formación y vivir una experiencia lejos de casa, terminó de la peor manera.


Y este hecho no esta aislado.


El caso de Claudia se suma a otros asesinatos de estudiantes vinculadas con la UAEM registrados en el transcurso del año. La ocurrencia de estos hechos ha provocado protestas y exigencias de mayor seguridad por parte de la comunidad estudiantil, se han generado también cuestionamientos sobre la responsabilidad de las instituciones para prevenir y responder ante la violencia que afecta a sus estudiantes.


Lo preocupante es que, mientras mexicanos y extranjeros enfrentan los riesgos de vivir, estudiar o transitar por nuestro país, las autoridades continúan enfrentándose al enorme reto de reconocer la magnitud de la violencia y responder con eficiencia.


Porque mientras las campañas políticas se llenan de promesas para combatir la inseguridad y los informes de gobierno presumen reducciones en las cifras, hay personas que siguen sintiendo miedo cada que salen de casa. Y para quienes llegan de otro país, ese miedo puede representar algo más. Tomar el riesgo de viajar a un lugar desconocido, con condiciones poco convencionales y solo esperar poder conocer y regresar a casa.


La vida y la dignidad de las mujeres asesinadas en Morelos y en todo el país tienen exactamente el mismo valor. Sin embargo, el caso de Claudia ha tenido una repercusión que trasciende nuestras fronteras, porque su muerte también ha obligado a otro país a preguntarse qué tan seguro es enviar a sus jóvenes a estudiar a México.


España no es un país cualquiera para México. Su relación histórica en los ámbitos diplomáticos, académicos y culturales han permitido que miles de mexicanos tengan la oportunidad de estudiar, trabajar o vivir en España, y de la misma manera, españoles han hecho lo mismo en nuestro país.


Yo misma tuve la oportunidad de ser recibida en España, de estudiar, vivir la experiencia y afortunadamente, regresar a casa con bien. Por eso me indigna y me duele pensar que Claudia, con la misma ilusión, ya no tendrá la oportunidad de volver a casa.


La Universidad de Granada ya anunció la cancelación de las tres estancias de estudiantes previstas en la UAEM el próximo semestre. La decisión no es difícil de comprender, porque cuando una institución envía a sus estudiantes al extranjero, lo hace confiando en que esta actividad traerá beneficios para ambas naciones, dando la encomienda a universidades y autoridades del país destino de recibir y proteger a sus nacionales.


Pero cuando esa confianza se rompe, las consecuencias no terminan con un comunicado de condolencias.


Cada estudiante que deja de venir representa un intercambio de conocimientos que no pasará. Cada convenio que se suspende representa una oportunidad académica que desaparece. Cada familia que comienza a preguntarse si México es realmente un destino seguro tendrá una razón más para elegir otro país al que viajar.

Y eso también nos afecta a nosotros, a todos los mexicanos.


Porque no solamente hablamos de los extranjeros que dejan de venir a México. También hablamos de las oportunidades que los mexicanos podemos perder para estudiar en el extranjero, de construir redes académicas, de generar proyectos conjuntos y de participar en experiencias que enriquezcan nuestra sociedad.


El caso de Claudia tampoco debería convertirse únicamente en una reyerta de responsabilidades entre gobiernos. Una joven de 21 años murió mientras realizaba una actividad que millones de estudiantes realizan cada año, estudiar en otro país.


Su familia esperaba recibirla de regreso, sus amigos esperaban volver a reir con ella, su universidad esperaba que regresara con una experiencia académica inolvidable y su país esperaba a una mujer profesionista que aportara a su sociedad. Y México tenía la única tarea de recibirla y protegerla, no de ser a quien se le exigiera justicia por su vida.


Por eso este caso, como los demás, no puede ser tratado como una muerte más dentro de las cifras de violencia. Es una nueva grieta en la relación entre México y España, un recordatorio de que seguimos fallando en mantener con palabras y acciones, nuestras relaciones con otros países.


La indignación debe ser esta y más. No solo por Claudia, sino por todas las personas que han quedado sin vida frente a la violencia que diariamente atraviesa al país.


El caso de Claudia atrajo la mirada de otros países, pero los asesinatos de mujeres en todo el país no comenzaron ni terminarán con ella.


Ojalá que esta vez la vergüenza llegue hasta el poder. Que la indignación llegue hasta los escritorios donde se toman las decisiones. Y que la decepción de quienes todavía creemos visitar o vivir México no debería ser un acto de valentía, se convierta en una exigencia ante la inacción de quienes nos gobiernan.


Porque ningún intercambio académico debería terminar de esa manera, ninguna familia debería perder la vida de su hija por estudiar y ningún país debería acostumbrarse a contar sus muertos como si solo fuera un número más.

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