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El procés | Opinión de Alex Batista

Foto del escritor: La Redacción
La Redacción
hace 14 horas
3 min de lectura

En Cataluña, entre 2012 y 2017, hubo diversas movilizaciones para separarse de España, un período que se conoció como "el Procés". Un intento que incluyó una consulta simbólica en 2014, declarada ilegal por Madrid, y el referéndum del 1-O de 2017, seguido de la declaración unilateral de independencia. El gobierno español respondió activando el artículo 155, destituyendo al gobierno catalán, y varios de sus líderes terminaron presos o exiliados.


El conflicto nunca se resolvió del todo. Y como todo conflicto que no se resuelve del todo, encontró otros escenarios donde seguir vivo. Uno de ellos es el Camp Nou.


Porque el enfrentamiento entre Madrid y Barcelona nunca fue solamente deportivo. Es, entre otras cosas, la versión pambolera de esa misma pelea identitaria.


Y ahí está la frase que el propio club convirtió en bandera, "més que un club". Para gran parte del barcelonismo, el Barça nunca ha sido solo 11 jugadores compitiendo por una copa. Es una manera de existir frente a España sin necesidad de un referéndum.


Por eso, cuando la selección española gana algo tan grande como el Mundial que se acaba de ganar, en Cataluña la lectura no suele ser "ganamos como España". Es más parecida a "España ganó gracias a nosotros".


Y no es solo un sentimiento, 8, (9 si no se hubiera lesionado Fermín), de los campeones del mundo salieron de la camiseta azulgrana. Eso lo saben todos. Lo saben los jugadores y lo sabe también su afición.


Y este arranque de temporada parece escrito para reforzar exactamente esa idea.


33 goles en 7 partidos, todos ganados. Un equipo que promedia 23 años y medio y que juega con el hambre de quien todavía tiene algo que demostrar, no con la comodidad de quien ya lo tiene todo.

Y si eso no fuera suficiente, a esa hambre juvenil se le sumó Rodri, el capitán y mejor jugador del Mundial, un jugador que le devolvió al mediocampo del equipo algo que no se sentía desde los tiempos de Xavi, Busquets e Iniesta: tiempo y control.


Además, esa misma hambre queda bien retratada en su capitán. Julián Álvarez no llegó, y Hansi Flick decidió probar algo que el propio Raphinha nunca había hecho en su carrera, jugar de "9". El experimento no debía funcionar. Está funcionando mejor que cualquier otro plan. Hoy es el goleador de la Liga, por encima de Mbappé.


Ese es el contraste real, más que Barcelona contra Madrid. Es la diferencia entre un futbol que se juega para sostener un contrato y uno que se juega para demostrar algo, todavía.

Para el barcelonismo, esto no es solo una buena racha ni la búsqueda de la sexta Champions, es la forma de demostrarle a todo el país que son campeones del mundo gracias a los colores azulgranas.


Por eso este arranque de temporada no se vive ahí solo como futbol. Se vive como identidad, como orgullo regional, casi como una forma de decir, sin necesidad de decirlo, que Barcelona no necesita a España para ser el mejor equipo del mundo.


Hay algo casi simbólico en que este renacimiento ocurra en un club que durante años ha entendido el futbol como una extensión de su identidad, no como una simple corporación deportiva. El Barcelona nunca ha sido solo un equipo de futbol para su afición, y eso, para bien o para mal, también se nota en la manera en que juega.


Quizás por eso este equipo emociona de una forma que no se sentía desde hace tiempo. No porque sea perfecto, sino porque en un deporte que cada vez se parece más a una empresa, todavía hay futbolistas jugando como si tuvieran algo que demostrarse a sí mismos, y no solo a un contrato.


Y porque, cuando esa hambre se combina con la sabiduría y la juventud, y con el orgullo de una ciudad que juega cada partido como si fuera también una declaración de identidad, el resultado deja de ser solo un buen arranque de temporada.

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