La emboscada psicológica | Opinión de Alex Batista
- La Redacción
- hace 1 hora
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Hay palabras que se utilizan para describir la realidad y otras que se utilizan para esconderla.
Cada semana en nuestro país aparece un nuevo eufemismo dispuesto a convencernos de que las cosas no son lo que parecen. Porque para la 4T, el lenguaje dejo de ser un instrumento para explicar el mundo y empezó a funcionar como maquillaje de los hechos.
Por ejemplo, esta semana salió lo de los lineamientos generales para proteger el derecho de las audiencias. Para el gobierno eso no es censura, es proteger el derecho de las personas para que TV Azteca y todos los medios neoliberales, no sigan hablando mal de la transformación.
Y por si quedaban más dudas, esta misma semana apareció otro concepto digno del nuevo diccionario nacional.
La gobernadora de Baja California, Marina del Pilar explicó que no fue responsable de los audios donde ofrece compartir información de las mesas de seguridad a los gringos para recuperar su visa. No, más bien fue víctima de una “emboscada psicológica”.
Un concepto que la neta, nunca había escuchado. Porque tal vez sea demasiado ignorante, pero no sabía que la psicología ya organizaba emboscadas. Tampoco sabía que ahora el problema ya no fuera lo que una persona hace, sino el estado emocional en el que decidió hacerlo.
Porque para la gobernadora, ella no cometió traición a la patria; y para ella la conversación no debe de girar alrededor del contenido de los audios, sino que debe consistir en quién los filtro.
Porque pobrecita. Cayó en una trampa, la engañaron, confió en las personas equivocadas. Porque es una gobernadora, pero también un ser humano.
Por eso, tiene todo el derecho de compartir al FBI y a la CIA sobre todo lo que se ve en las mesas de seguridad para que le den su visa y la dejen de investigar por sus vínculos con el narcotráfico.
Porque tiene razón, ahí nunca se discuten asuntos relacionados con la soberanía; solo estrategias de seguridad y esas cosas.
Al final, con la gobernadora de Baja California no vimos entrevistas para aclarar los hechos, vimos una campaña para explicar su relato.
Y al final, los lineamientos de las audiencias y la emboscada psicológica son la misma historia contada dos veces.
En un caso, al gobierno no le gusta que le digan censura. En el otro, a la gobernadora no le gusta que le digan traición. Ambos resuelven el incómodo problema de la palabra correcta cambiándola por una más cómoda.
Quizá dentro de unos años aparezca un diccionario oficial del bienestar. Ahí aprenderemos que censurar es proteger, que mentir es contextualizar, que fracasar es transformar y que entregar información sensible ya no será una traición, sino una emboscada psicológica.




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