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Entre promesas y salas de espera. | Opinión de Paola Aguirre

Foto del escritor: La Redacción
La Redacción
20 jul
2 min de lectura

La crisis del sistema de salud ya no puede analizarse únicamente como un problema administrativo; es, sobre todo, un problema político.


Cuando un gobierno promete un sistema de salud mejor que el existente, esa promesa se convierte en un compromiso con millones de ciudadanos. Si los resultados no llegan, el costo no solo se refleja en las encuestas, sino en la pérdida de confianza de la población.


El IMSS sostiene gran parte de la atención médica del país, pero enfrenta una demanda creciente, infraestructura insuficiente y desafíos históricos que requieren decisiones de Estado, no soluciones improvisadas. La política pública en salud exige planeación de largo plazo, inversión constante y capacidad de gestión. Sin esos elementos, cualquier discurso termina chocando con la realidad de los hospitales.


La salud no debería ser un terreno para la confrontación partidista. Sin embargo, cuando se prioriza la narrativa sobre los resultados, las consecuencias recaen directamente en los pacientes. Gobernar implica asumir responsabilidades, reconocer las deficiencias y corregir el rumbo con transparencia, no descalificar las críticas.


En democracia, la mejor defensa de un gobierno no son sus discursos, sino los resultados que puede mostrar. Y en materia de salud, esos resultados se miden en medicamentos disponibles, médicos suficientes, tiempos de espera razonables y atención digna para todos los mexicanos. Ahí es donde verdaderamente se gana o se pierde la confianza ciudadana.


La solución no pasa por más discursos ni por cambiar el nombre de las instituciones. Pasa por hacer de la salud una política de Estado: invertir en hospitales, contratar y retener personal médico, garantizar el abasto de medicamentos y establecer mecanismos de evaluación con resultados medibles. La salud no debe administrarse con ideología, sino con eficiencia, transparencia y responsabilidad. Solo así se recuperará la confianza de millones de mexicanos que hoy sienten que el sistema les ha dado la espalda.

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