Del bienestar prometido a la resignación obligada | Opinión de Froylán Castillo
- La Redacción

- 15 abr
- 3 min de lectura

Primero fueron las promesas. Prometieron que bajaría la gasolina, prometieron que alcanzaría para más, prometieron que el pueblo viviría mejor, prometieron una transformación. Y hoy, después de años de propaganda, de mañaneras, de slogans vacíos y de un aparato entero dedicado a fabricar relato, la realidad le explota en la cara a millones de mexicanos la gasolina está por los cielos, la canasta básica está cada vez más cara y desde el poder ya no ofrecen soluciones, ofrecen resignación.
Ese es el verdadero rostro del régimen. Cuando la presidenta de México dice, palabras más o menos, que si la premium está cara entonces carguen magna, no está resolviendo nada; está confesando algo mucho más grave, que este gobierno ya renunció a mejorar la vida de la gente. Ya no piensa en cómo hacer que el mexicano prospere; piensa en cómo acostumbrarlo a perder. Y así gobierna la izquierda, administrando la precariedad y vendiéndola como virtud. No compren premium, pongan magna. No coman carne, coman frijoles. No tengan más de un par de zapatos. Si quieren pagar menos luz, usen menos. Ese no es un proyecto de nación; eso es un manual de supervivencia para pobres, dictado desde el privilegio del poder.
Lo más insultante no es solo la torpeza de las declaraciones. Lo más ofensivo es el fondo moral que encierran, que el ciudadano debe apretarse más, limitarse más, conformarse con menos, aguantar más. Como si fuera normal que cada día alcance menos. Como si fuera aceptable que la aspiración de una familia mexicana ya no sea vivir mejor, sino aprender a sustituir, recortar y renunciar. Cuando un gobierno deja de hablar de crecimiento, prosperidad y oportunidades, y empieza a aconsejarte cómo consumir menos, comer más barato y resignarte a lo que hay, ese gobierno ya fracasó.
Así de simple. Porque gobernar no es enseñarle al pueblo a sobrevivir con menos. Gobernar es crear condiciones para que viva mejor. Gobernar es hacer que el esfuerzo de la gente rinda. Gobernar es defender su ingreso, cuidar su capacidad de compra, garantizar energía accesible, alimentos asequibles y certidumbre para la vida cotidiana.
Pero este gobierno no sabe gobernar. Sabe justificar, sabe repartir culpas, sabe inventar enemigos, sabe militar en la propaganda, pero no sabe gobernar. Y cuando la incompetencia ya no puede ocultarse, entonces aparece la soberbia, la de un poder que, en lugar de corregir, sermonea; la de un poder que no admite que le falló al país y por eso intenta normalizar el deterioro; la de un poder que quiere convencer a los mexicanos de que vivir peor también puede llamarse bienestar. Que te digan que cargues magna porque no puedes pagar premium no es sensibilidad social. Que te digan que comas frijoles porque la carne está cara no es cercanía con el pueblo. Que te digan que consumas menos luz porque no puedes pagar más no es austeridad republicana.
Es cinismo. Es el cinismo de quienes viven en la opulencia política mientras millones hacen cuentas para ver si llenan el tanque, si completan la despensa o si pagan el recibo. Es el cinismo de quienes prometieron acabar con los abusos y terminaron perfeccionando la burla. Es el cinismo de un poder que se presenta como redentor de los pobres mientras les enseña, todos los días, a resignarse a una vida más limitada.
Nos dijeron que primero los pobres, y terminaron diciéndoles que aprendan a necesitar menos. Ese es el fracaso histórico de esta izquierda, no pudo resolver los problemas del país, pero sí ha querido domesticar la indignación social. Quiere que el mexicano no exija más, sino que se adapte; que no reclame resultados, sino que aplauda excusas; que no compare promesas con hechos, sino que se trague la propaganda. Pero la realidad es terca. La gasolina no baja con discursos. La comida no se abarata con ideología. La luz no se paga con consignas. La pobreza no desaparece con spots. Y la ineptitud no deja de ser ineptitud porque venga envuelta en lenguaje “popular”.
México merece mucho más que un gobierno que le diga a su gente cómo vivir con menos. Merece un gobierno capaz de generar condiciones para vivir con dignidad, con libertad y con prosperidad. Porque cuando desde el poder ya no te ofrecen progreso, sino resignación, lo que está en crisis no es solo la economía, es la idea misma de gobierno. Y eso es exactamente lo que está pasando hoy en México.




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