Chihuahua no se dobla | Opinión de Froylán Castillo
- La Redacción

- hace 2 días
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A menos de un año del proceso electoral de 2027, Chihuahua tiene que hacerse una pregunta que va mucho más allá de candidatos, partidos y encuestas.
¿Hacia dónde queremos que avance nuestro estado?
Porque Morena ya no representa una promesa ni puede presentarse como una alternativa desconocida. Ha gobernado México durante casi ocho años y hoy concentra una parte considerable del poder político del país. Ya existe suficiente evidencia para juzgar su manera de gobernar.
Y los resultados obligan a cuestionarnos.
El sexenio de Andrés Manuel López Obrador cerró como el periodo con mayor número acumulado de homicidios de la historia reciente de México. Más allá de discursos y explicaciones oficiales, la violencia dejó una huella que ningún gobierno responsable debería intentar minimizar.
Pero quizá ninguna realidad retrata mejor la dimensión de nuestra crisis que la de los desaparecidos.
Al cierre de 2025, México acumulaba más de 133 mil personas desaparecidas y no localizadas. Son decenas de miles de familias viviendo entre la incertidumbre, el miedo y la ausencia.
Y mientras el Estado tendría que estar buscándolos, demasiadas veces son sus propias madres quienes salen con palas, fotografías y fichas de búsqueda a recorrer brechas, terrenos y fosas clandestinas.
Las llamamos madres buscadoras porque hemos normalizado algo que jamás debería ser normal, que una madre tenga que buscar con sus propias manos a quien el Estado no fue capaz de encontrar.
No sólo enfrentan el dolor de la ausencia. Organismos internacionales han documentado amenazas, extorsiones, agresiones, desplazamientos y asesinatos contra quienes buscan a sus familiares.
Ese debería ser motivo suficiente para dejar de administrar la tragedia con discursos.
México necesita seguridad, justicia y un Estado capaz de ejercer plenamente su responsabilidad.
Pero el problema no termina ahí.
En estos años también hemos visto crecer una forma de hacer política donde la crítica fácilmente se convierte en enemistad; donde los contrapesos incomodan; donde las instituciones son desacreditadas cuando contradicen al poder y donde una mayoría electoral comienza a confundirse con un cheque en blanco.
Ese es uno de los mayores riesgos del oficialismo, creer que ganar elecciones también concede el derecho de acumular poder sin límites.
Y Chihuahua debe mirar con atención.
Porque nuestra historia nunca ha sido la historia de la obediencia al centro.
Aquí se combatieron invasiones. Aquí encontró refugio la República. Aquí comenzaron levantamientos que terminarían incendiando la Revolución Mexicana. De estas tierras surgió la División del Norte y durante décadas fuimos señalados como los bárbaros del norte.
Chihuahua es una tierra difícil de someter.
Y por eso debemos preguntarnos qué clase de perfiles pretenden gobernarla y, sobre todo, qué proyecto político representan.
Eso tampoco significa decir que en Chihuahua todo está bien.
Sería absurdo.
Hay errores, pendientes y gobiernos que deben rendir cuentas. Quien pretenda ser una alternativa al oficialismo tiene primero que demostrar que sabe gobernar mejor.
Porque tampoco basta con decir que Morena representa un riesgo.
Hay que explicar por qué.
El peligro está en acostumbrarnos a los desaparecidos.
En normalizar comunidades sometidas por el crimen.
En aceptar que las madres busquen fosas mientras las autoridades construyen narrativas.
En permitir que la crítica sea presentada como conspiración, mostrada en listas públicas de enemigos.
Y en convencernos de que concentrar todavía más poder será la solución a problemas que ese mismo poder no ha logrado resolver.
A menos de un año de decidir el futuro de Chihuahua, todavía estamos a tiempo de preguntarnos qué estado queremos dejarles a nuestros hijos.
Porque la política no debería ser una lucha por conquistar cargos.
La verdadera virtud de la política es la caridad, servir al otro, defender su dignidad y construir las condiciones para que una familia pueda vivir con libertad, seguridad y esperanza.
Cuando la política deja de servir a la persona y solamente sirve para conservar el poder, deja de ser servicio y comienza a convertirse en dominación.
Por eso 2027 será mucho más que una elección, será una decisión sobre nuestro futuro.
Hoy Chihuahua, particularmente desde su capital, vive una realidad distinta, construida desde una forma de gobernar que ha buscado escuchar a su gente, entender sus prioridades y tomar decisiones desde el territorio.
Ese será también uno de los grandes contrastes rumbo a 2027, decidir si Chihuahua continúa construyendo su propio camino o permite que su futuro sea definido por una visión política diseñada desde el centro del país, lejos de nuestra realidad y de nuestra forma de entender a Chihuahua.
Porque Chihuahua no necesita que desde el centro le digan cómo pensar, cómo gobernarse o hacia dónde avanzar.
Necesita gobiernos que conozcan su territorio, que rindan cuentas, que den resultados y que entiendan que el poder no es un privilegio, sino una responsabilidad frente a las familias que representan.
Al final, eso es lo verdaderamente importante.
No quién conquista el poder, sino para qué lo utiliza.
Porque la política, cuando se entiende verdaderamente como caridad, no busca someter, busca servir.
Y el futuro de Chihuahua, de nuestros hijos y de nuestras familias, debe decidirse aquí.
Chihuahua exige. Chihuahua resiste. Chihuahua decide.
Chihuahua no se dobla.




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