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A 99 años | Opinión de Rogelio Iván Pérez

  • Foto del escritor: La Redacción
    La Redacción
  • hace 4 minutos
  • 3 min de lectura

Hay lugares que simplemente aparecen en nuestra acta de nacimiento y hay otros que terminan convirtiéndose en parte de lo que somos. Para mí, Cuauhtémoc es ambas cosas.


Aquí nací. Aquí crecí. Aquí están mis recuerdos de infancia, mis amistades, mi familia, mis primeras metas y también los sueños que poco a poco he ido convirtiendo en proyectos de vida. Por eso, hablar de los 99 años de la fundación del municipio de Cuauhtémoc no es sólo recordar una fecha histórica; es hablar de la tierra que me ha dado lo mejor de mi vida.


El 12 de julio de 1927, el Congreso del Estado decretó la creación del municipio de Cuauhtémoc, separándolo de Cusihuiriachi y dando origen a un nuevo capítulo para la entonces población de San Antonio de los Arenales, que adoptó el nombre de Villa Cuauhtémoc en honor al último tlatoani mexica. Días después quedó instalado el primer Ayuntamiento, iniciando una historia que hoy suma casi un siglo.


Resulta sorprendente pensar que hace menos de cien años este era apenas un pequeño asentamiento ferroviario. El ferrocarril fue el primer gran impulso para una comunidad que encontró en el trabajo su mejor carta de presentación. Después llegaron las familias menonitas, que transformaron la agricultura y contribuyeron al desarrollo económico de la región, mientras la presencia ancestral del pueblo rarámuri y el esfuerzo de las familias mestizas dieron forma a una identidad única en México: la de la Tierra de las Tres Culturas.


Quienes nacimos aquí sabemos que Cuauhtémoc tiene algo especial. No es solamente una ciudad reconocida por la producción de manzana, por sus quesos, por el Corredor Comercial o por ser un referente económico del estado. Es una comunidad donde el trabajo tiene un valor profundo, donde la palabra todavía pesa y donde las oportunidades suelen construirse con esfuerzo, no con atajos.


Con el paso de los años he tenido la oportunidad de conocer muchos municipios de Chihuahua y recorrer buena parte del estado. Esa experiencia sólo ha reforzado una convicción: Cuauhtémoc tiene un enorme potencial. Su ubicación estratégica, su dinamismo económico, su diversidad cultural y, sobre todo, su gente, la convierten en una ciudad llamada a seguir siendo protagonista del desarrollo regional.


Pero un aniversario también invita a la reflexión. Cumplir 99 años significa que estamos a un paso del centenario. Es una oportunidad para preguntarnos qué ciudad queremos heredar. El crecimiento debe ir acompañado de planeación; el desarrollo económico, de sostenibilidad; la prosperidad, de inclusión; y el orgullo por nuestra historia, de una visión clara hacia el futuro.


Celebrar a Cuauhtémoc también significa reconocer a quienes hicieron posible su crecimiento: agricultores, comerciantes, empresarios, maestras y maestros, servidores públicos, obreros, profesionistas y miles de familias que, generación tras generación, entendieron que el progreso nunca llega por casualidad, sino como resultado del trabajo diario.


Yo me siento profundamente agradecido con esta tierra. Porque aquí aprendí el valor del esfuerzo, aquí encontré oportunidades para prepararme y aquí descubrí que el servicio público tiene sentido cuando se ejerce con cercanía y compromiso con la gente.


Dentro de un año celebraremos cien años de historia. Ojalá lleguemos a esa fecha con la misma capacidad de trabajar juntos que nos ha distinguido durante casi un siglo. Porque si algo ha demostrado Cuauhtémoc desde 1927 es que las grandes ciudades no se construyen únicamente con calles, edificios o infraestructura; se construyen con personas que aman el lugar donde viven y que todos los días deciden hacerlo mejor.


¡Feliz 99 aniversario, Cuauhtémoc!

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