México se desmorona mientras el poder mira hacia las urnas | Opinión de Veyra Carrasco


¿Qué tiene que pasar en México para que lo urgente vuelva a ser prioridad? ¿Que el agua salga contaminada de los hogares? ¿Que nuestros estudiantes enfrenten dificultades educativas? ¿Que las madres tengan que buscar a sus hijos desaparecidos mientras exigen respuestas a las instituciones que deberían protegerlas?
La crisis del agua en Guadalajara debería encender todas las alarmas. Cuando una familia no tiene certeza sobre el agua que consume, las autoridades tienen la obligación de investigar, informar y garantizar soluciones. El acceso al agua segura no puede depender de que la ciudadanía proteste para ser escuchada.
A esta preocupación se suma la educación. Los resultados de PISA han evidenciado importantes desafíos para México en matemáticas, lectura y ciencias. Detrás de cada cifra hay jóvenes que necesitan oportunidades y herramientas para construir su futuro. Un país que descuida la educación compromete su propio desarrollo.
Mientras tanto, miles de familias siguen enfrentando la desaparición de sus seres queridos. Las madres buscadoras exigen verdad y justicia, muchas veces ante obstáculos que prolongan su sufrimiento. Ninguna madre debería arriesgar su vida para encontrar a sus hijos. Las instituciones deben demostrar su compromiso con resultados, no únicamente con discursos.
Agua, educación y desapariciones son problemas distintos, pero plantean una misma pregunta:
¿están nuestras autoridades respondiendo con la urgencia que México necesita?
La responsabilidad también alcanza al gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum. Si bien cada problema tiene autoridades y competencias específicas, el Gobierno de México debe rendir cuentas por sus decisiones y por las políticas que le corresponden. La distribución de responsabilidades no puede convertirse en una excusa para evadir el escrutinio.
Mientras la conversación política se llena de disputas por el poder y movimientos rumbo a las próximas elecciones, millones de mexicanos siguen esperando soluciones. Las elecciones son parte de la democracia, pero no pueden desplazar la obligación de gobernar. Una campaña no garantiza agua limpia, no mejora por sí sola la educación ni devuelve a una familia la certeza sobre el paradero de un ser querido.
México tiene talento, recursos y capacidad para crecer, pero ese potencial se desperdicia cuando la prevención se sustituye por la reacción y los problemas se normalizan. La ciudadanía no debería tener que elegir entre exigir servicios básicos, educación de calidad o justicia. Son derechos, no favores.
Gobernar significa asumir responsabilidades, establecer prioridades y ofrecer resultados. La política pierde su sentido cuando el poder se convierte en un fin y deja de servir a la sociedad.
Porque mientras el poder discute su futuro, millones de mexicanos intentan resolver su presente.
México no puede permitirse que la disputa por el poder avance más rápido que las soluciones para su gente.




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