Criticar al régimen ya empieza a tener costo | Opinión de Froylán Castillo
- La Redacción

- hace 11 minutos
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No podemos ignorar el riesgo que representa en este país criticar al régimen. En el México de hoy, pensar distinto ya no solamente incomoda, puede convertirte en objetivo del aparato del Estado.
El citatorio de la FGR a Maru Campos no debe leerse únicamente desde una lógica partidista ni desde una defensa personal de la gobernadora de Chihuahua. El tema de fondo es mucho más grave; qué tan libre puede ser un país cuando las instituciones comienzan a utilizarse como instrumentos de presión política.
Porque cuando una fiscalía actúa contra quien resulta incómodo para el poder, pero guarda silencio o camina con extrema cautela frente a los personajes cercanos al régimen, la justicia deja de parecer justicia y empieza a parecer advertencia.
El mensaje es claro, quien critique, quien señale, quien no se someta a la narrativa oficial, puede ser exhibido, citado, perseguido o investigado. Hoy es una gobernadora. Mañana puede ser un periodista, un empresario, un alcalde, un líder social o cualquier ciudadano que se atreva a decir lo que el poder no quiere escuchar.
Eso es lo que verdaderamente está en juego, la libertad de disentir sin miedo.
Maru Campos fue citada por la FGR en calidad de testigo dentro de una investigación relacionada con un operativo en la Sierra Tarahumara; públicamente se ha señalado que no está formalmente imputada. Aun así, la forma, el contexto y el momento político del citatorio abren una discusión inevitable sobre el uso selectivo de las instituciones.
Y ahí está el error de Morena; en su intento por golpearla, la están posicionando como una figura que se atrevió a enfrentar al crimen organizado y sus redes de complicidad. La están colocando frente a una narrativa que ellos mismos no han sabido responder, mientras unos enfrentan criminales en territorio, otros parecen más preocupados por perseguir opositores desde el poder.
La libertad no se pierde de golpe. Se pierde cuando normalizamos que el Estado intimide. Se pierde cuando aceptamos que criticar al gobierno puede costarte una carpeta. Se pierde cuando las instituciones dejan de proteger al ciudadano y comienzan a proteger al régimen.
Y mientras eso ocurre, también circulan señalamientos periodísticos sobre presuntas investigaciones en cortes de Nueva York y Chicago contra Adán Augusto López por posibles vínculos criminales. Hasta ahora, esos señalamientos deben tratarse como reportes periodísticos, no como una acusación judicial confirmada públicamente; pero sirven para evidenciar la doble moral; con los adversarios, todo el peso político; con los propios, prudencia, silencio y control de daños.
México no puede vivir bajo una justicia selectiva. No puede haber fiscalías veloces contra los incómodos y fiscalías mudas frente a los cercanos al poder. No puede haber un Estado fuerte para perseguir opositores y débil para enfrentar criminales.
Porque cuando la ley se usa como garrote político, la democracia se convierte en simulación.
Este no es un asunto de Maru contra Morena. Es un asunto de libertad contra autoritarismo. De instituciones contra facciones. De ciudadanos libres contra un régimen que cada vez tolera menos la crítica.
Y hay que decirlo sin miedo, la ley debe servir para perseguir criminales, no para fabricar enemigos políticos.
Porque cuando perseguir al que piensa distinto se vuelve costumbre, defender la libertad se vuelve obligación.









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